Editorial

Editorial: ¿ES SUFICIENTE CON TUMBAR LAS CASAS DE CONSUMO DE DROGA?

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

descargaEs clásica la referencia irónica al marido engañado que para intentar, absurdamente, de resolver su problema, vende el sofá donde su mujer solía atender a sus amigos, como si el sofá fuera el responsable de la infidelidad de su “piernisuelta” dama. Algo igualmente inocuo podría estar pasando con la presentada como espectacular acción del gobierno nacional para combatir la drogadicción, tumbando las casas donde se han ubicado, tradicionalmente, lugares de consumo asiduo de alucinógenos, llamadas “ollas”.

Sin negar que algo –solo eso, algo- podría ayudar a combatir la inseguridad ésta acción, la verdad es que en materia de lucha contra este terrible fenómeno que tiene incidencias mundiales, ha faltado imaginación y compromiso de parte del estado, que solo recurre a la represión coyuntural, espontanea, de vez en cuando, sobre todo cuando da posibles resultados de aceptación frente a la opinión pública, como en la época actual, que se está en campaña política.

Entendiendo  que el fenómeno es desesperantemente complejo, una acción más efectiva sería la de la prevención, asumida ésta como la atención de la muchacha desde su más temprana edad, ofreciéndoles alternativas educativas, deportivas, formativas, de recreación que evite que más y más jóvenes caigan en la garras del consumo de alucinógenos. Tristemente en sectores sociales donde con mayor frecuencia se da el consumo de sustancias adictivas, las condiciones sociales, familiares, de alternativas serias de vida, no son las mejores, y la angustia existencial que produce la miseria y el abandono llevan a quehaceres extremos y desesperados.

Claro, la acción seria y de fondo frente a éste terrible problema humano y social no ha estado presente en la mayoría de naciones del mundo, y la represión –necesaria pero no suficiente- resulta siendo todo lo que, más mal que bien, se termina haciendo. Esta semana, cuando muchos discursos y sermones hipócritas sobre la caridad humana se dejan oír, hay que decir que la mayoría de esas expresiones son más de forma que de fondo, y que una preocupación permanente y diaria por los seres que están en condiciones de adicción y miseria, no es ciertamente tan real.

En Bucaramanga, por ejemplo, tenemos todos los días a la vista uno de los más tristes fenómenos sociales, el de la indigencia en las calles, pero frente a la obligación que tendría la sociedad con todos estos hombres y mujeres en situación de miseria humana extrema, recurrimos a la indiferencia y el desprecio, cuando no a la criminal acción de “limpieza social”, como si matar otro ser humano, por muy pobre y descarriado que éste se encuentre, fuera la única expresión posible de parte de ciudadanos que esta semana se rasgan las vestiduras predicando mentirosas  santidades y preocupación por el prójimo.  Un sabio precepto antiguo dice que lo bueno es enemigo de los mejor, y siendo bueno destruir las ollas de consumo de droga y combatir a los micro traficantes, sería mejor que la preocupación por el adicto fuera más allá de la sola represión y pudiéramos recuperarlo. Pero parece que esto es pedirle peras a un olmo, o lo que es peor y que tanto yo crítico, resulta pensar con el deseo. Pero bueno, ahí quedan estas reflexiones como constancia personal. Aunque claro, está totalmente establecido que estas “constancias históricas” no sirven para un carajo…