Editorial

Editorial: ESFUERZO EMPRESARIAL Y EVASIÓN DE IMPUESTOS…

wilfredo sierra mPor Wilfredo Sierra Moreno.

Siguiendo con su permanente preocupación por incentivar la producción y el crecimiento de la economía santandereana, la Cámara de Comercio de Bucaramanga realizara entre el 25 y 26 de septiembre una nueva  versión de Expogestión, un esfuerzo de los sectores productivos, comerciales y los gremios por traer a las mentes más brillantes del mundo para enchufarle dinamismo a los inversionistas y nuevos generadores de empresa, para darle una dinámica más fuerte al crecimiento económico regional.

Desafortunadamente y aunque como siempre no queramos hablar de ello, los problemas generados en el vecino país de Venezuela que era nuestro gran aliado comercial, nos ha quitado parte del mercado que hacia fuerte áreas tan específicas como las confecciones,  que generaba una muy importante parte de la utilización de la mano de obra local. Y aunque está bien la expresión de que a los grandes problemas grandes soluciones que resulto una gran motivador para buscar otros mercados para nuestros productos en el mundo, la verdad,  nivelar los índices de nuestro flujo comercial con Venezuela con otros socios comercial en el planeta no ha resultado tan fácil, lo que no quiere decir que debamos desistir de ese propósito. Pero algo va de mandar de Bucaramanga a Cúcuta y de allí al interior de la hoy República Bolivariana nuestros productos, al ejercicio de contratar grandes conteiner para por vía marítima, ubicarlos en cualquier nación de Europa.

Ahora bien, no siempre todo es tan transparente en el sector comercial e industrial privado, y así mientras un par de amigos me han llamado para decirme alarmista por mi denuncia en cuanto a la evasión de impuestos de muchos de nuestros  industriales y comerciantes, los dioses del Olimpo han venido en mi ayuda, cuando el Director de la Dian, Santiago Rojas,  en declaraciones concedidas esta mañana a Caracol Radio nacional, preciso que el monto de la evasión de impuestos esta entre 20 y 30 billones de pesos (billones de pesos señores, lean bien), de los cuales 12 billones son por concepto de IVA.  La cifra es mucho más que impresionante y deja infartado a cualquier analista serio en economía, porque lo que no puede ser es que mientras a la luz pública se piden incentivos para generar progreso y crecimiento, por debajo de la mesa estemos ante la presencia de un ejército de bandidos que les importa un carajo los intereses generales de la nación y de sus gentes, robándose lo que le pertenece al  erario público.

El gran problema nuestro – en todos los órdenes desafortunadamente – es la doble  moral con la que enfrentamos nuestros retos, porque mientras por un lado los empresarios y dirigentes gremiales honrados buscan un camino hacia el aumento de la productividad y el empleo, por el otro, la corrupción, que no está solo en el sector oficial, hace de las suyas llevándose alegremente lo que le corresponde a todos los nacionales.  Y claro, no hablemos de todos los capitales que luego de utilizar la mano de obra y las ventajas comerciales colombianas, terminan depositados en bancos extranjeros, especialmente en paraísos fiscales, evadiendo todos los impuestos y las reglamentaciones que sobre ellos existen, en el papel, en nuestra legislación económica y tributaria.

Por eso le pedimos excusas a muchos de nuestros encopetados teóricos de las soluciones “espirituales” a las desgracias colombianas por no tragarnos enteros sus cuentos rosa… 30 billones de pesos robados a los colombianos, que impiden generar más escuelas, acueductos, fuentes de empleo, carreteras veredales y vías de penetración, etc., etc., es lo más agresivo que puede haber contra la paz de una nación, y eso no se obvia con el gesto hipócrita de quitarse un zapato disque para caminar como lo hacer los desprovisto de todo. Esas son acciones tan estúpidas como la que emprendió en su época el señor Belisario Betancur en su gobierno, creyendo que pintando palomitas blancas por toda la nación, iba a lograr la paz… Claro que habrá quienes coman de ese cuento. Para bien o para mal, nosotros no. Qué pena.