Editorial

Editorial: ¿FELIZ NAVIDAD?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

DON CLIMACO 1 (1) bbHay frases en la vida de las sociedades que se vuelven muletillas generalmente aceptadas pero que, no siempre, reflejan el estado real de los hombres y mujeres que conformamos los conglomerados humanos y, mucho menos, son un espejo cierto de la vivencia sociocultural que vivimos. No está de más comenzar diciendo que por encima de los presupuestos religiosos de la Iglesia Católica, ésta es una fecha más de la sociedad de consumo, en la que la invitación al gasto desbordado y muchas veces irresponsable de los pocos pesos que las clases populares tienen, es una prioridad de entidades como Fenalco, a quien no le faltan hígados a la hora de priorizar el bienestar de los comerciantes por encima de cualquier racionalidad realmente madura en el uso de los recursos por parte de las gentes de la sociedad.

Pero claro, ellos todo lo miden por  el número de ventas y circulación de dinero en la temporada, sin importar que, como en el caso del consumo de licor y similares, la ingesta alcohólica produzca heridos, hogares destruidos y muertes, porque la final para un capitalista puro lo que cuentan son los ingresos generales, y lo demás le vale un carajo.  ¿Cuántas humildes mujeres y niños de estratos populares nunca tendrán una “feliz navidad”, porque el irresponsable de su padre se gastó la plata destinada para el estreno y las viandas de la supuesta “noche buena” en una borrachera de los mil demonios los días previos al 24?  Pero para los señores de Fenalco  esos les importa nada. Lo fundamental es que al final de “la operación navideña” las utilidades den millones de pesos y, entonces, hablaran del gran desarrollo económico de la región y de nuestras proyecciones fabulosas hacia el futuro.

Que estos días sean especiales para que el triste asistencialismo populachero haga su presencia, es innegable, y claro eso hace parte de la “filosofía” de la clase política dominante que le gusta posar de “generoso” y “dador”, pero sin contarle de los humildes a los que abruman con sus regalos y sus poses de niños dioses encarnados en este siglo XXI, que la plata con la que son “tan buenos” salen la de los presupuestos oficiales que se nutren de los impuestos que los pobres ciudadanos tenemos que pagar – muchas veces sudando sangre – al frio y despiadado tesoro estatal, que no perdona ni una.

Claro, hablar de esto no es cómodo el establecimiento dominante que disfruta, ¡y de qué manera!, las mieles del poder, y al que le es más cómodo invitar a los periodistas y analistas públicos a ser “positivos y a hablar solo de lo buenos que tenemos”, en una nueva pero no menos peligrosa forma de censura de prensa, que quiere castrar, suprimir, aniquilar, destruir, toda posibilidad de análisis objetivo e independiente de nuestra realidad socioeconómica, escondiéndolo todo detrás de un aparente boom de desarrollo, en el que si se escarbara un poquito, se encontrarían muchas cositas raras.

¿Y qué de la feliz navidad de los vendedores ambulantes que, sí, nos incomodan, pero que son seres humanos y tienen también el más elemental derecho a comer?  ¿O de la “noche buena” de los cientos y cientos de bumangueses que viven en las escarpas de la ciudad, en casitas de papel que se destruyen ante los aguaceros en el invierno o con los incendios en el verano? ¿Es tan cierto que la pobreza extrema ha disminuido radicalmente en nuestra ciudad, o simplemente queremos dejar de visibilizarla detrás de estadísticas económicas muy hábilmente manejadas?  ¿Quién de los supuestamente “generosos cristianos” de las clases altas se ha tomado el trabajo de comprarles un detalle al ejercito de seres humanos que tratan de ganarse la vida vendiendo en los semáforos de la ciudad?   En fin, mejor no sigo…

Yo con Chikungunya y tomando acetaminofén a la lata, me aprestare a pasar este 24 de diciembre en la cama y bien arropado viendo televisión. Pero sin ninguna depresión ni cosa por estilo, porque afortunadamente hace mucho tiempo deje de celebrar el nacimiento de ese profeta fracasado que después de más de dos mil años de supuestamente haber venido a la tierra, no ha sido capaz de cumplir una sola de las promesas que disque hizo.  Porque cada año que pasa este perro mundo al que hipotéticamente quería redimir está peor y peor. Parece que era tan manzanillo como estos deletéreos políticos de ahora…