Editorial

Editorial: GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierraA estas alturas realmente resulta muy difícil decir algo nuevo de lo mucho que se ha expresado de la partida de nuestro muy querido Gabriel García Márquez, el extraordinario hombre que con las palabras creo un imaginario de magia y de magnifica literatura, de aquella que posiblemente en muchos años no volveremos a tener. El recuento de sus inicios en las letras y el periodismo nos ha mostrado a uno más de los tantos que han intentado descollar en estas lides, luchando contra la incomprensión de un medio no precisamente muy culto y unas estructuras de poder que poco o nada sentían en ese entonces – y tal vez igualmente ahora- por el intelectual promedio.

Posiblemente si algo quisiera rescatar hoy de la vida y la obra del hijo de Aracataca fue su profunda preocupación por la suerte del periodismo, que fue su primera vocación y al cual amo, en el fondo, más de los que muchos pudimos imaginar. García Márquez, cultor como pocos del buen escribir, veía con una profunda angustia existencial como deambulaba en nuestro gremio una buena porción de chambonearía y mediocridad, que no podía menos que exasperar a quien concebía esta profesión como un verdadero arte.

Hoy en día cualquiera y con la más mínima preparación pretende ser periodista, y un más, escritor de novela y cuento, pretensión barata alimentada por la incultura y carencia de formación de una buena parte del medio informativo, en donde difícilmente se han leído los grandes autores de la literatura universal, se tiene una visión realmente cultivada del mundo y un lenguaje escrito medianamente aceptable. Nada de eso era aceptado de buen agrado por nuestro Nobel de Literatura, a quien de ahora en adelante hay que repasarle todos los textos que sobre la materia dejo escritos, pero sobre todo, tratar de aplicar con rigor realmente profesional, sus recomendaciones.

Sobre su trabajo literario ya se ha escrito y se seguirá escribiendo con suficiente rigor en todos los círculos nacionales e internacionales, y ojala que ahora, que su presencia física no está entre nosotros, sirva para que repasemos todas esas obras que alimentaron con gran entusiasmo las horas de lectura de nuestra juventud. Y entender toda la dimensión de un surrealismo mágico que, por encima de todas las apariencias en contrario, nos define mejor que cualquier otra cosa. Por último unas cuantas palabras sobre la grosera agresión de una Parlamentaria contra nuestro recién ido gran escritor… ¿Ustedes cuando han visto que un político, sobre todo en los últimos años, se ha destacado por ser precisamente  un dechado de equilibrio, madurez, conocimiento intelectual y sociológico?

No, aquí lo importante es tener plata para comprar una credencial, ser hijo de un ex Presidente, un viejo cacique electoral, un exponente de los aristocráticos gremios nacionales, y pare de contar. Y la salida de gallo basto (¿habría que decir de gallina quisquillosa?) de la ilustre parlamentaria capitalina no hace sino confirma a aserto. ¿Se le pueden pedir peras a un limonar agrio? No seamos ilusos mis buenos amigos… La pobre señora a lo mejor ni siquiera ha ojeado, con desgano, un libro de nuestro Nobel.