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Editorial: LA CAMPAÑA HIPÓCRITA DE TENER CASA PROPIA…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mHoy presentamos en nuestra revista virtual una interesante entrevista con el joven investigador universitario Carlos Mario Frías Rubio sobre las verdaderas implicaciones económicas escondidas detrás de la sugestiva campaña publicitaria de los bancos de este país para, apelando a los sentimientos primarios de toda familia nacional, vender la idea de que hacerse a un crédito para tener casa propia es la gran meta de todos los residentes de por estos lares. Lo que por supuesto los hábiles publicistas de esta campaña no le cuentan a los sujetos de su agresivo accionar, es que en la práctica, por efecto de los intereses financieros vigentes en este país, cada nacional termina pagando más del doble de lo que en el papel el banco estipula como el supuesto valor final de un inmueble, o que un muy alto porcentaje de los incursos en estos créditos no terminan de pagarlos, perdiendo no solo lo desembolsado en el tiempo que dura el proceso sino igualmente su supuesta casa propia.

El procedimiento es perverso y hace parte de ese fondo falso que se esconde detrás de todo ese gran montaje mediático de la sociedad de consumo, que mediante los grandes medios de comunicaciones nacionales inducen al ciudadano a una inversión y un consumo que no es precisamente el más sano, pero ese fondo falso de la gran acción publicitaria de los grandes pulpos económicos colombianos le importa un carajo a los dueños del gran capital que, realmente, no tienen corazón en el cuerpo. Y mucho menos ética en su desenvolvimiento profesional. Pero por supuesto todo esto es posible porque el gran sistema político colombiano esta entregado de pies y manos al sector financiero colombiana, algunos de cuyos más preclaros exponentes son los dueños de los grandes medios de comunicación nacional.

Y claro, la información periodística económica tradicional no esconde su orgullo con los resultados de las acciones comerciales del sector financiero y así, en un corte de cuentas a finales del año pasado se daba cuenta de que en noviembre de 2014 las utilidades de ese sector se ubicaron en $7,42 billones, de las cuales los bancos explicaron $6,61 billones, seguidos por las compañías de financiamiento, las corporaciones financieras y las cooperativas financieras que en conjunto sumaron $808.000 millones., según lo dice un informe periodístico de El Nuevo Siglo del 11 de enero de 2015. El comportamiento de estas entidades –sigue diciendo con orgullo este trabajo periodístico – estuvo respaldado por un margen de solvencia total y de solvencia básica de 15,81% y 10,58%, superando los niveles mínimos definidos por regulación de 9,0% y 4,5%, respectivamente. El sector fiduciario mantuvo un incremento de sus activos por encima del 12% real anual, correspondiente en su mayor parte al aumento de los recursos administrados a través de las fiducias de inversión y las fiducias inmobiliarias.

Que parte de estas utilidades sea el fruto de esquilmar las ilusiones de los ingenuos que se creen el cuento repetido cada minuto en radio, prensa y televisión de que lo más importante en la vida es endeudarse para tener casa propia, le importa muy poco a los dueños del sector financiero nacional. Tampoco explican que parte de su alegría comercial es el fruto del cobro agiotista por los servicios de los sistema bancarios o los intereses desbordados del manejo de las tarjetas de créditos que tienen embobados a más de un colombiano que no parecieran darse cuenta que comprar con dinero plástico es el peor negocio del mundo.

Pero eso es la democracia, señores. Una democracia truculenta que vive del sentimentalismo primario de unos sectores populares que parecieran no ver el fondo de ciertos señuelos puestos delante de sus narices, y que produce expresiones de júbilo colectivo tan estúpidos como la de los sectores más pobres colombianas, que creen que con la visita del Papa el año entrante al país, todos sus problemas se van a solucionar.  ¡Hay Dios!, tanta ingenuidad y estupidez pareciera no ser posible, pero desgraciadamente la vivimos cada día entre nosotros.