Editorial

Editorial: LA CELEBRACIÓN FORMAL DEL DÍA DE LA MUJER.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.   

bg_profileEste país está lleno de formalismos insípidos y celebraciones convencionales que llenan los almanaques y atiborran de cuando en cuando los restaurantes del país, pero de ahí, de la  etiqueta hipócrita y desabrida no se pasa, dejando a los homenajeados con el sabor de una frustración más. Es lo que pasa por estos días  con la celebración del día de la mujer, que llena páginas de discursos oficiales, miles de tarjetas muy bien impresas, de  discursos repetitivos de todos los años, pero que en la práctica no se traduce en conquistas reales para ellas.

Una muestra palpable es lo que ha pasado con la escogencia de candidatos de todos los partidos a la Cámara de Representantes y el Senado de la República –con muy contadas excepciones – en donde si fueron llamadas a integrar listas,  fue para fungir de relleno y cumplir la formalidad de su participación que exige la Ley, pero sin que los puestos de primera línea fueran para ellas. Pero claro,  es que éste es un país real y enfermizamente machista, en donde la primacía de los cacicazgos políticos está en los hombres, y en donde se legisla y se gobierna con un tinte exclusivo, que si bien en la retórica reconoce avances en los derechos de la mujer, en la práctica no son tan grandes ni efectivos como nos quieren hacer creer.

La muestra más exasperante de ese primitivismo predominante de macho dominante que se da en todos los estratos sociales, está en el registro de las agresiones sexuales a las damas en los servicios de transporte de todo el país, en donde un hombre esencialmente bestializado, cree que puede tocar y manosear a una pasajera con el más descarado cinismo, y, lo que es peor, frente a la indolencia de la mayoría del resto de pasajeros de estos vehículos. La retórica oficial puede decir lo que quiera, pero cuando las gentes en su base, en los sectores populares y medios muestran el cobre con su instintividad primaria, vulgar y animalizada, uno sabe que el discurso no se corresponde con los hechos.

Es lo mismo que pasa con el manido cuento de la paz y la cultura ciudadana frente a unos muchachitos de las barras bravas de los diferentes equipos de futbol en el país, cuando estos son capaces de cogerse a garrote, trompadas y cuchilladas, por el simple gusto de exteriorizar una agresividad enfermiza. ¿Con esa  juventud vamos a construir la paz del futuro? ¡No nos crean tan pendejos! Uno puede decir en el discurso, la columna, los titulares de prensa, radio y televisión, las estupideces que le dé la gana, pero cuando estas expresiones no se corresponden con el comportamiento frecuente de sus ciudadanos, está hablando paja. Luego las rosas, los almuerzos, las condecoraciones y los músicos muy bonitos para las mujeres en su celebración, pero lástima que como dicen la canción, esto sea solo flor de un día.