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Editorial: LA DEMOCRACIA…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

1aa wilfredoQue las elecciones son la fiesta de la democracia dice un eslogan tonto que suelen divulgar los tradicionalista de la clase política entre nosotros, pero aunque eso en el fondo debería ser así, en la mayoría de sociedades del planeta que se precian de tales, la lucha electoral por el poder es un espectáculo de fondo falso en el que muchos intereses no propiamente sanos se ponen en juego, entre otras muchas cosas porque llegar al gobierno por esa vía es tener la posibilidad de manejar muchos hilos de influencia y determinación que no solo alimentan el ego sino igualmente las billeteras de las roscas que logran empotrarse en los gobiernos.

En regímenes como el nuestro, en donde la corrupción y la vagabundería campean de manera impresionante por todas partes, hablar de la transparencia y efectividad del régimen electoral es cuando menos estúpido, y aunque mucho más por vieja costumbre que por cualquier otra cosa vamos sin faltar a las urnas, nos ha tocado aprender a conjugar el verbo de votar por el menos malo, y tratar de mantener un sistema de dirimir nuestros pleitos sociales sin agregar nuevos factores de zozobras a los tantos dolores de cabeza que tiene esta convulsionada nación.

Por lo mismo, hay que aceptar que las grandes peleas entre muchos sectores sociales y políticos que se ven por esta época son más por mezquinos intereses personales y económicos, y eso de lo de las supuestas ideologías y todos esos motes que se ponen como excusa para agredirse mutuamente no es más que una mampara hipócrita que, hoy por hoy, ya no convence sinceramente a muchos miembros de esta sociedad. La lucha en el fondo es por el poder y por las tesorerías que las diferentes agencias gubernativas dejan en manos de los ganadores, y de lo que de allí se deriva para otros sectores, entre ellos los medios de comunicación.

Pero aun así, no estamos entre quienes renunciamos a mantener por lo menos una expresión formal de la democracia, porque lo otro seria hacerle el juego a los sectores extremistas que creen que por medio de las armas pueden imponer, impunemente, las reglas de juego en la sociedad. Aunque sea un consuelo pendejo nos queda, y es que por lo menos permanece el recurso valido de argumentar, hablar y escribir, así en el fondo mucho de lo que arguyamos no sirva de nada en últimas. Pero que es mejor a esa ley tenebrosa de los seudo revolucionarios de todos los pelambres frente a los cuales no es factible argüir, y que usan el fusilamiento como el gran instrumento para acallar las voces de los disidentes. Personalmente sí creo que es mejor morirse de hambre poco a poco que de una par de tiros de fusil.

Y como periodistas y medio de comunicación nos queda la tarea de ofrecer en nuestras páginas la opinión y los decires de todos los sectores en contienda en esta refriega electoral, así muchos nos digan una y otra vez que a tales y fulanos no le deberíamos dar espacio en nuestro medio, porque son los más malos entre los malos. Y es que claro, como santandereanos, tenemos una venita pero fina para rajar e injuriar del otro a rajatabla, sin darle el derecho lógico de defenderse. Pero en política creemos que el que debe decidir en últimas es el elector y punto. Al medio, fuera de su postura editorial, creemos que solo le resta transferir a la audiencia lo que dicen los diferentes aspirantes de “transformadores de nuestra sociedad”.

Por fortuna hace mucho rato nos curamos de la presunción de elegidos de la providencia para ser detentadores de las verdades reveladas. Muchos de los que sacan el dedo acusador tienen más porquerías dentro de ellos que los destinatarios de sus recriminaciones.  Pero entre todo lo malo que tienen nuestra clase política algunos habrá que merezcan el respaldo electoral y la posibilidad de que demuestre en la práctica si tanta predica se traduce en hechos. Como decimos, nuestra elección electoral personal a la hora de ir a votar es escoger al menos malos entre los malos para las opciones en disputa pública.