Editorial

Editorial: LA DESPAMPANANTE DERROTA DE NUESTRA CANCILLER…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mLo que los fanáticos cristianos llaman el libro de Dios, trae unas frases que no son precisamente un dechado de caridad y pacifismo como aquella de que “a los tibios los vomitares de mi presencia”. Pero es que eso de estar con Dios y con el Diablo al mismo tiempo no ha sido bien visto en ninguna parte y en ningún tiempo, y en buena medida esa dicotomía puede ser la causa para explicar los terribles momentos por los que pasa nuestra despampanante Canciller colombiana, luego de la derrota diplomática – más que humillante – en el Consejo Permanente de la OEA, cuando Colombia no consiguió que ese organismo convocara a una reunión de cancilleres para analizar la crítica situación de la frontera con Venezuela.

Claro, no se nos olvide, nuestra Ministra de Relaciones Exteriores, María Ángela Holguín, se caracterizó durante los últimos meses por ser una obsecuente y dócil consecuente con todos los caprichos del señor Nicolás Maduro – el heredero del nuevo mejor amigo del Presidente Juan Manuel Santos – y en ese papel parecía una de las más fuertes voceras de la Unasur bolivariana que defensora de los reales y principales intereses colombianos. Pero es que pactar con el diablo tiene sus consecuencias. Éste es traidor, deshonesto, pero además poderoso, como lo demostró en el Consejo Permanente de la OEA, en donde ni siquiera la mismísima Panamá, supuestamente el país más leal a Colombia en América Latina, fue capaz de resistir la presencia intimidante de Venezuela. Por segunda vez quedamos advertidos… Nuestra superioridad histórica y republicana en el concierto de la naciones es más una figura retórica de los periodista que hacen los boletines de prensa de palacio, que una realidad palpable entre nuestros vecinos.

Hace ya un buen par de meses los medios de comunicación nacionales dados a sobarle siempre la chaqueta a los mandatarios de turno, hablaban de Juan Manuel Santos como el nuevo líder de la diplomacia y la político de Latinoamérica e inclusive de todo el hemisferio, y es éste justo el preciso momento para demostrar que tanta hipérbole era cierta. Si el gobierno nacional no se la juega a fondo en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ante el Secretario General de la ONU, el Alto Comisionado de los DD. HH. en Ginebra (Suiza) y ante la Organización Internacional de las Migraciones, nuestra carita nos va a quedar bien fea en el escenario internacional, y al diablo, que es bien sucio, no le va a quedar dificil seguir presionando nuestro orgullo patrio contra el suelo.

Y aquí hay otro mito que se ha derrumbado… Que Maduro era un pobre diablo. Diablo sí, pero pobre no. A pesar de la debilidad interna en materia económica y de su terrible condición de violador sin escrúpulos de los derechos más elementales de su pueblo y del nuestro, en ésta oportunidad está demostrando que es un jugador hábil que tiene por lo menos la capacidad histriónica para cañar duro en los organismos internacionales, y no es precisamente él que está con el rabo entre las piernas hasta ahora. Y es que claro, una cosa es hablar paja en los tintiaderos, las cantinas, con los familiares crédulos o hipócritas o ante periodista “rodillones” de nuestras hipotéticas superioridades en todos los órdenes, y otra cosa es que cuando llegue los momentos de crisis uno demuestre que es tan verraco como venía pregonando.

Y en este chicharrón, al Presidente Colombiana le queda por ver en que termina su obsesión patológica con el proceso de paz. Hasta ahora Jesús Santrich’, negociador de las Farc, le ha dado por decir babosadas en torno a la “legitimidad” del gobierno del señor Maduro. Es el clásico discurso mamerto de la guerrilla, pero habría que ver al final si de verdad estarían dispuestos a perder todo lo que han avanzado en la negociación con el gobierno y querrían enterrar el proceso. Y aunque no soy precisamente un enamora desaforado de lo que pasa en La Habana, no me queda la menor duda que de abortarse ésta vía, a la pirinola habría que agregarle en una de sus multifacéticas caras una nueva leyenda que dijera: “aquí todos perdemos”. Así que hay que pedirle a nuestro diestro fullero del póquer que afine su juego, o de lo contrario va a perder él y nos va a hacer perder a todos los colombianos hasta el alma. Si es que tal cosa denominada “alma” existe.