Editorial

Editorial: LA EDUCACIÓN COLOMBIANA… ¡QUÉ VERGÜENZA!

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileLos vergonzosos resultados de los estudiantes colombianos en las pruebas Pisa, que fundamentalmente se caracteriza por medir la capacidad para resolver problemas de los muchachos, nos deja muy mal planteados frente a la comunidad internacional, pero sobre todo pone al descubierto toda la retórica supuestamente transformadora de la educación de los últimos gobiernos nacionales.  Quedar de 61 entre 65 países participantes debería dar para que desde la misma Ministra de Educación para abajo, muchos burócratas de oficio en el campo de la educación renunciaran.

Siempre he sido duramente criticado por algún par de amigos por mi escepticismo frente al futuro real de ésta nación, pero evidencias de evaluación seria de nuestras capacidades para construir un mañana diferente no dan resultados científicos que puede justificar toda la retórica manzanilla de quienes nos prometen ríos de miel y leche si votamos por ellos y sus programas quiméricos de transformación. Pero aquí, no nos digamos mentiras, la incapacidad sustancial y la hipocresía descarada para enfrentar la vida no solo es de las elites dominantes, sino que bastante de los sectores populares, trabajadores, obreros, son unos cretinos que solo buscan ganarse el dinero con el menor esfuerzo.

Es lo que pasa con el profesorado de primaria y secundaria, enfermizamente infectados por un sindicalismo seudo revolucionario, que solo se preocupa por exigir más y más prerrogativas financieras y de privilegios, sin que su condición profesional y ética responda a tanta pedidera, y cuyo trabajo no se ve reflejado en la formación de los muchachos. Claro, si también los Ministros de Educación y los Secretarios del mismo ramo sean nombrados con criterios politiqueros, en cabeza de individuos que no tiene ninguna preparación ni perfil para desempeñar seriamente esas funciones, no podemos pedirle peras al olmo.

Lo calidad ética de la mayoría de nuestros conciudadanos no es precisamente la mejor, y por ejemplo, da grima ver como frente a la propuesta nacional de ofrecer incentivos para alimentación y mejoramiento de los niños de las escuelas, los cuervos corruptos de ésta nación reportan beneficiarios imaginarios de esos programas, para robarse la plata destinada a tales propósitos. ¡Así ningún país puede progresar!  Ahora bien, si los niños y jóvenes ven que sus padres, profesores y dirigentes políticos no aplican en la práctica lo que tan  hipócritamente predican de labios para fuera, no podemos esperar que el altruismo y el sacrificio estoico en el estudio sea su comportamiento esencial.

Si estos muchachos no tienen habilidades ciertas para resolver problemas, no podemos esperar, ingenuamente, que las dificultades de nuestra sociedad en el futuro sean resueltas. Como dicen ciertos teóricos, de la nada no puede salir nada. Así que no nos hagamos mucha ilusión de que el mañana de esta nación sea mejor. La materia humana prima con la que contamos no es la mejor, y mientras en la televisión sigamos exaltando de manera encubierta al narcotraficante, delincuente y traficante, no podemos esperar que el imaginario de nuestros jóvenes sea muy altruista.