Editorial

Editorial: LA LEGALIZACIÓN DE BARRIOS…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

1aa wilfredoComo una más entre las muchas noticias que cubrimos los medios de comunicación a diario se ha leído que el Alcalde de Bucaramanga, Luis Francisco Bohórquez, se ha comprometido en una masiva campaña de legalizar un número realmente grande de barrios de la ciudad y, luego de leída rápidamente la noticia pasamos la hoja como si el hecho no tuviera mayor importancia. La verdad es que si la tiene, y mucha, porque este proceso implica le entrada a la ciudadanía de la ciudad, por decirlo de alguna manera, de un número considerable de asentamientos humanos que a lo largo de los años se han ido formando en las diferentes zonas de nuestra urbe, sin que tuvieran ningún tipo de reconocimiento estatal.

Uno de los más graves problemas de ésta no formalización de esas agrupaciones barriales es que estos núcleos habitacionales no podían acceder al disfrute elemental de los servicios públicos, con todas las implicaciones en salubridad que eso conlleva. No tener agua, ni alcantarillado, ni luz legalmente, es una de los más claros síntomas de pauperización de una sociedad, pero todo esto se da porque la desbordada explosión familiar más la inmigración realmente fuerte de más y más gentes de todas las regiones cercanas y lejanas a nuestra ciudad, supera cualquier acción normal de las instituciones municipales para ordenar la vida de los barrios.

Pero aquí hay que decir que factores objetivos hacen parte de ese desfase que se enraízan en los males macro estructurales de una nación que en muchos de sus zonas rurales viven en un cuadro real de violencia y hace que las gentes busquen, desesperadamente, lugares como Bucaramanga y su área metropolitana para tratar de evadir de alguna forma la situación de agresión de sus zonas de origen. Desde luego estos movimientos migratorios superan cualquier cálculo normal de una administración municipal, que por más que quisiera no tiene los recursos monetarios ni logísticos para mantener al día el censo de los barrios en condición de legalidad.

Por supuesto, habría que hacer una referencia al problema de la explosión demográfica, que uno no sabe si por temores religiosos, ni los gobiernos nacional, departamentales o municipales, han querido enfrentar de manera digna. Una política agresiva de planificación familiar es más que urgente en una sociedad que se multiplica geométricamente en un contexto social donde ni los recursos físicos ni económicos permiten atender a tanta gente. Pero aquí el temor a los dogmas religiosos de una sociedad oscurantista, no ha facilitado hablar de estas necesidades de frente.

De todas formas hay que agradecer al señor alcalde de Bucaramanga la maratónica tarea que ha emprendido para legalizar todos esos asentamientos que no tenían ni dios ni ley, y que a partir de ahora por lo menos nominalmente están en las cuentas oficiales para consideración de los planes de manejo municipal. Claro, todas esas acciones requieren plata, y partiendo del hecho de que ni siquiera estaban en el presupuesto normal de gastos e inversiones del municipio, merecerán un esfuerzo adicional para atender sus múltiples y apremiantes demandas. Pero por algo se empieza y el hecho mismo de la legalización es un avance más que significativo en la vía de dignificar la vida de tantos de nuestros conciudadanos.