Editorial

Editorial: LA PICARESCA POLÍTICA…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

WILFREDO SIERRA MORENOCon miras a las elecciones en este año de gobernador, alcaldes municipales, asambleas y concejos, ha comenzado a moverse con fuerza inusitada la picaresca política, esa en donde las ideas, los principios y los valores no priman, sino donde está al orden del día la intriga, la trapisonda y el todo vale como forma de acabar, a cualquier precio, al contendor. Es la expresión triste pero real de estas republiquitas bananas en donde los partidos políticos como tal realmente no existen, y en su lugar quedan camarillas de pirañas que se atacan unos a otros con saña impresionante y en donde las ideas, lo que se dice ideas, no existe.

Y de ese mal no se salva ninguna de las supuestas colectividades ahora actuantes en el país, aun el mismísimo Polo Democrático, que pretendiéndose presentar como la supuesta alternativa transparente de la izquierda, vive a su interior una guerra de intrigas y zancadillas que desdice mucho de esa limpieza cristalina que a los ingenuos se quiere vender como la gran alternativa de la democracia colombiana. Y si se tiene en cuenta lo que el Polo ha hecho con las últimas administraciones de la Capital de la Republica, que incluye robo, atraco, desfalco e ineficiencia en su máxima expresión como la del petardo del Petro, que dejara a Bogotá sumido en el más horrible caos, tendremos un resumen claro de lo que los ciudadanos de a pie podemos esperar de la política y los políticos.

Del hasta hace algunos años mi partido político, el liberal, ni hablar. Consecuentes con esa tendencia de hacer del liberalismo un refugio de retardatarios redomados y mañosos, las supuestas directivas nacionales de la colectividad acabaron de un plumazo con los directorios municipales y departamentales de esa colectividad, que eran algo así como la pantalla que les quedaba para seguir simulando esa definición hipócrita de “partido del pueblo”, y optaron por ir de frente con esa manguala del gobierno de los Senadores y Representantes rojos, que son una verdadera cofradía de politiqueros de oficio, simuladores expertos en posar de lo que no son, y amigos de quedarse con todos los puestos, contratos y designaciones para ellos, sus amigos  y su familia.

Aquí en Santander tenemos una muestra perfecta de ello: un gran patriarca que no solo quisiera trasladar a su hijo de concejal de Bogotá a Gobernador de los Santandereanos, sino que a la usanza de los viejos monarcas imperiales, ya nos va mostrando en público a sus nietos, para que los pobres pendejos del pueblo nos vayamos acostumbrando a quienes desde ahora nos tienen recetados para gobernar a las siguientes 3 generaciones de colombianos. ¡¿Es eso democracia?! Recuerdo que los últimos esfuerzos que hizo el ex Presidente Carlos Lleras en los postreros años de su actividad política en vida, fue la de establecer unas reglas internar de la colectividad, que permitieran que mediante la consulta interna, una estructura de toma de decisiones realmente popular permitiera a las bases liberales actuar en las decisiones de quienes llevarían su representación en los cargos de elección y de manejo público. Pero la godaria liberal se dio sus mañas para que todo eso fuera letra muerta, y hoy llegamos al gobierno omnímodo de los Senadores y Representantes del partido, que son una rosca intocable que se rotan, de unos a otros, las mieles del poder.

Otro temita interesante para tener en cuenta en los debates que vienen, es el costo de las campañas para ser Concejal de un municipio, Diputado departamental, Gobernador o Alcalde.  Hay que disponer en las arcas personales de los aspirantes de miles de millones de pesos que jamás, bajo ninguna circunstancia, se recuperan con los suelos o reconocimientos que esas dignidades dan. Y entonces, si las matemáticas elementales demuestran que es un negocio en el que actuando legal y honradamente se va a perder mucho pero mucho dinero, ¿porque el afán de llegar a esas “dignidades”?  Blanco es, la gallina lo pone y huevo se llama. El secreto de la empresa no está en lo que legalmente se gana en emolumentos o reconocimientos, sino en la “pañada”, que es grande y suculenta, y que a muchos en un solo periodo ha dejado inmensamente ricos.

Por supuesto que en El Crisol, como medio de comunicación y como periodistas, seguiremos cubriendo en la mejor forma posible las incidencias de esto que eufemísticamente llaman “expresiones de la democracia”, y aspiramos, dentro de la más elemental obligación ética de este oficio, poder recoger la opinión de todos los sectores políticos y personalidades que espiran a reinar municipal y departamentalmente por los próximos 4 años, sin exclusión ninguna.  Lo peor que le puede pasar a un periodista que honestamente se considere como tal, es alquilar su medio y su pluma al servicio exclusivo de un sector en contra de otro. Pueda ser que las sucias maneras reinantes en el ambiente consideren a esta manera de proceder una estupidez. Pero en la vieja escuela periodística en que nos formamos aprendimos a proceder así. Quiero legar con orgullo a mi descendencia una pobreza llevada con la frente en alto como fruta de la honestidad, y no la riqueza mal habida de quienes – afortunadamente pocos colegas – han hecho del periodismo y la comunicación otra forma de la rapiña voraz de las pirañas que creen que la plata lo justifica todo.  Y por supuesto, reiterando nuestro profundo respeto a la diferencia que hay entre nuestra posición editorial y el oficio de la información objetiva, criterio este ultima tristemente olvidado por quienes creen que tienen una tribuna informativa para ganar amistades interesadas, en detrimento de la verdad y el registro de los hechos, que tan fácilmente se puede sesgar cuando se tiene mala intención.   No es una tarea fácil, porque es como caminar sobre un terreno lleno de minas quiebra patas, pero haremos el deber…