Editorial

Editorial: LA TERCERA VÍA…

wilfredo sierra 2Por Wilfredo Sierra Moreno.  

Realmente muy interesantes todos los planteamientos oídos en el día de ayer en el encuentro de la denominada Tercera Vía con la presencia de importantes personalidades de todo el planeta, que luego de pasar por los gobiernos de sus países con menos éxito del que  hacen gala en sus exuberantes discursos de ahora, hoy nos quieren descrestar con la elaboración de un nuevo empaque para el mismo producto viejo que, ni trasformo sus respectivos países ni resolvió todos los problemas que ahora ven tan fácilmente solucionable en los solares ajenos.

El evento que sirvió como marco para repotenciar los logras de una paz que por todos nosotros es deseable, tiene como problema básico que casi siempre de la teoría de los nuevos salvadores de los problemas del mundo a la práctica de hacer ciertamente efectivas esas fórmulas, hay una distancia que casi nunca se ha salvado de manera afortunada.

Pero hablar de terceras vías o de “social democracia” – otra etiqueta rimbombante para vender el viejo producto – mientras se vive en una sociedad donde las posibilidad de que todos los nacionales puedan  acceder realmente a los auténticos factores decisivos del poder es prácticamente imposible, resultando cuando menos tonto. Y veamos… ¿Cuánto vale en este país hacer una campaña para un concejo municipal, una alcaldía, una gobernación, una asamblea departamental o un senado o cámara de representantes?  Pues miles de millones de pesos que no están ciertamente al alcance  “del pueblo”, como los demagogos de siempre lo han prometido, y que hace que sin llegar a esos factores determinantes de la acción estatal, cualquier promesa de renovación sea  solo retórica.

Pero además entre nosotros – en todos los partidos políticos de todas las vertientes ideológicas – se convirtió en moda trasferir hereditariamente el poder político a esposas, hijos, nietos y bisnietos, en una propensión monárquica que le hace a uno reír cuando algunos de esos ilustres personajes intentan criticar las monarquías europeas.  Aquellos por lo menos tienen pergaminos de tradición y sangre para validar sus presunciones, mientras estos de aquí solo son, en la mayoría de los casos, “negros alzados”  que intentan espuriamente validar unos privilegios ganados a través de la politiquería y la demagogia, para establecer patente de corso al imperio de su descendencia por el curso de las próximas generaciones.

Por supuestos unas elites así de egoístamente concebidas no pueden pensar honestamente en el bienestar real de los sectores populares, y las promesas de la “revolución social” como las de los mamertos del Polo Democrático, o los tibios del Partido Verde, o los muy católicos del oportunista partido conservador, o los rojos seguidores de Juan Fernando Cristo –hijo de una cacique político y financiero de Cúcuta que le heredo periódico, dinero y los votos para continuar la dinastía, que ahora el prócer del partido liberal transfiere a otro de su sangre en Cúcuta-  esos ofrecimientos, repito, no son más que promesas de cumbiambera.

Y resulta por lo menos sintomático que mi apreciado jefe de la Tercera Vía, que durante 2 meses, en campaña, no reajusto el precio de la gasolina, nos haya regalado este primero de julio uno de los transitoriamente olvidados apretones de tornillos en los combustibles, que continuaran mes a mes, de aquí en adelante y religiosamente. Es que en la tercera vía también cuentan los grandes capitalistas y, por supuesto entre ellos especialmente los petroleros. ¡Que viva el cambio!