Editorial

Editorial: LA TOMA DEL PALACIO DE JUSTICIA.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileLa publicación hoy en nuestro medio virtual de la noticia sobre el lanzamiento de un libro el próximo viernes en el área cultural del Banco de la República sobre los sucesos del Palacio de Justicia, me hizo recordar que tengo detenido –tal vez por pereza- el trabajo personal de unas memorias de dan cuenta de los muchos sucesos de los que me ha tocado ser testigo personal a lo largo de  mi vida como periodista.

Entre ellas las de la Toma del Palacio de Justicia como quiera que fui  protagonista de la tragedia ya que, estando por esa época trabajando en la oficina de prensa de la Cámara de Representantes, me tocó vivir y transmitir, momento a momento, para algunas emisoras de provincia de Santander, lo que fue el inicio, el desarrollo y el cruento desenlace de la acometida bestial del M -19. Dentro de las cosas anecdóticas – si así se puede llamar a lo azaroso del asunto- está el hecho que al haberse detenido algunos guerrilleros dentro de las instalaciones de la Cámara y el Senado, un estado de pánico se apodero en quienes estábamos dentro del recinto legislativo, parlamentarios y empleados. Y en una de esas medidas aparentemente absurdas que se toman en momento de casos extremos, a alguien dentro del edificio se le ocurrió que deberíamos tener una clave vocal personal de identificación, y así podernos aislar y denunciar nuevos y desconocidos miembros de la guerrilla del M, que en el diseño de su estrategia de guerra, también habían querido tomarse, junto al Palacio de Justicia, el parlamento colombiano.

Curiosidad de curiosidades, dentro del recinto de  la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes que daba contra el Palacio de Justicia, nos encontrábamos, entre otros, Tiberio Villareal y Alfonzo Valdivieso, que a la sazón eran parlamentarios y no podían saber que en un par de años, serían investigador e investigado en uno de los sonados procesos que sacudirían el ambiente de la política colombiana.

Pero por supuesto, hay muchas cosas personales que podría compartir sobre esos hechos, como que, afectado como  muchos comunicadores por el síndrome de la chiva, nos habíamos hecho  amigos de los principales  dirigentes del M -19, y particularmente yo desarrolle un dialogo frecuente, en citas clandestinas, con Andrés Almarales. Pues bien, 15 días antes de la toma me entreviste con Almarales en una pizzería cerca de la Alcaldía de Bogotá,  y entre charla y charla me dejo saber que en pocos días nos iban a invitar a un nutrido grupo de periodista a un evento “muy especial”.

Poco  después de la toma puede comprobar con información de dirigentes bien “datiados” de esa misma guerrilla, que la cordial invitación tenía como destino el mismo Palacio de Justicia para el día de la toma, lo que implicaba colocarnos de carne de cañón en tan macabro hecho. Solo la Providencia hizo que tan funerarios planes no se llevaran a cabo, así como igualmente hizo que un convoy de guerrilleros que estaban destinados a tomarse el parlamento en el mismo día y hora, por cuestiones de trancones y desplazamiento no pudiera llegar a su destino como estaba previsto.

Así pues fui salvado por partida doble de la posible muerte en esa oportunidad, lo que ratifica el dicho popular de que “nadie se muere en la víspera”. Y que como decía mi abuela, nada mejor para la seguridad personal que saber escoger lo supuestos “amigos”, aun por encima de ese salpullido de chiva  que nos hace a los periodistas meter las narices donde no debiéramos.  Solo me queda pedirle a la misma Providencia que me quite el desgano para seguir sumando líneas a esas memoria personales, que en verdad, tendrían muchas cositas interesantes que contar a sus posibles lectores…