Editorial

Editorial: LA TRISTE REALIDAD DEL CAMPO.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.  

wilfredo sierra mLos resultados del censo agropecuario no son precisamente una buena radiografía de lo que acontece en el campo nuestro y entre sus habitantes, y ciertamente no hace sino ratificar los lamentables diagnósticos que al respecto venían desde hace tiempo haciendo analistas independientes que, bajo la ojeriza del estamento oficial, se han atrevido a denunciar un olvido sistemático e histórico del sector rural del país.

Los índices de concentración de la propiedad rural en unas poquísimas manos darían para hacer grandes disquisiciones sobre lo que ha sido el anti desarrollo estructural en ese ese frente, pero ante el dominio innegable de los terratenientes en el ambiente político y económico nacional, es como nadar contra la corriente procurar una mirada realmente diferente sobre esta materia. Para el gran capital agrario, aquel que ha dedicado las grandes extensiones del suelo patrio para la siembra de pasto y la ganadería, la gran solución del área en esta materia es el desarrollismo, esto es, industrializar la producción agropecuaria, despojando de todas las posibilidades a los sectores pobres y jornaleros de las zonas rurales nuestras, sin importar lo que esto implique en la mayor pauperización de estas desheredadas gentes.

La predominancia en la base económica rural minoritaria del minifundio hace que, salvo la posibilidad de la subsistencia de las familias con los productos de pan coger, el crecimiento económico con sus labores sobre la tierra sea definitivamente imposible, además de que las condiciones estructurales de las vías terciarias de todo el país generan la aberrante realidad de que es más económico dejar perder las cosechas en los depósitos de las casas, que tratar de sacarlos a los mercados más cercanos. Vías e intermediarios usureros y negreros, hacen parte de la gran tragedia de las gentes humildes del campo, sin que nunca gobierno alguno se haya preocupado, en serio, por solucionar estos males.

Y resulta prácticamente imposible hablar de la contingencia de que el  minifundista pueda acudir a la asistencia técnica o al crédito para paliar de alguna forma su desgracia, porque por encima de la publicidad oficial de la Caja Agraria, la verdad es que el sistema financiero y bancario es usurero en su esencia y naturaleza, y no le importa sino la multiplicación de sus utilidades en los balances de fin de año en sus empresas, sin que la tal vocación social se vea, efectivamente, por ninguna parte.  Luego, con las cifras oficiales de los señores del DANE, el escenario conceptual que se puede armar del agro colombiano es bien pero bien negro, y hecha por tierra las supuestas acciones de los últimos gobiernos por mejorar la suerte de sus habitantes, como la supuesta preocupación de una guerrilla demagógica por las regiones donde han vivido durante tanto tiempo, y en las que si algo hay que recriminarle es la deforestación y la destrucción de los recursos naturales y de sus bosques para la siembra masiva de la coca.

De la violencia en la construcción de esta debacle campesina no es necesario hablar porque eso está sobre diagnosticado,  y el gobiernos de Santos nos promete que con la firma de su cacareada paz con las FARC,  ese factor va a desaparecer. No digo nada para no enfurecer a los Bolivarianos amigos de este proceso en nuestra nación, pero que tengo mis dudas, las tengo. Entre otras cosas porque la terrible situación económica por la que atraviesa al mundo y que mucho daño nos está y seguirá haciendo en este país, no va a permitir contar con los multimillonarios recursos que se requerirían para cumplir las faraónicas promesas que se han hecho, demagógicamente, a lo largo de las negociaciones de La Habana.

Luego no es para alegrarse los resultados del tan esperado censo agropecuario, y no creo que en el inmediato futuro, para los minoritarios y minifundistas tenedores de tierra, la suerte les vaya a cambiar en forma alguna, a pesar de los cantos de sirena de un gobierno que nos dice que a la pocas semanas de la firma del acuerdo de paz, estaremos en el reino de las maravillas universales. Sentémonos a esperar que tantas promesas bonitas efectivamente se cumplan. Aunque como veo las cosas, nos va a tocar durar sentados toda una eternidad…