Editorial

Editorial: LA TRISTE SITUACIÓN DEL AGRO COLOMBIANO.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

descarga (2)Por encima de la politización que en por éstas épocas electorales quieren hacer diferente sectores con la situación del campo nacional, la verdad es que el destino de los agricultores nuestros ha sido muy difícil desde hace muchos años, sometidos al abandono oficial por parte de unos tecnócratas que le apostaron más a los rendimientos especulativos de la banca y el sector financiero, y que miraron por encima del hombro a los pobres hombres y mujeres que doblados sobre el surco, tratan de generar el alimento diario del mercado nacional.

Pero no solo ha sido la derecha institucional la que ha contribuido para este desmadre del campo colombiano, sino que también la violencia armada, tanto paramilitar y guerrillera, ha generado con su ansiedad insana por apropiarse ilegalmente de las tierras, el desplazamiento de centenares, tal vez millares de hombre del agro de sus tierras, para aumentar los cinturones de miseria de las grandes ciudades, desequilibrando aún más las posibilidades de una desarrollo económico serio del país.

Hoy tanto unos y otros, establecimiento e izquierda, juegan al ejercicio de una preocupación hipócrita por la suerte de éste sector, pero en todo esto no hay sino un perverso cálculo político que para nada realmente toma en su verdadero valor a las gentes productora del agro, y en el que, como habilidosos jugadores de ajedrez, unos y otros dispones su fichas con calculo premeditado, sin que en el fondo exista un sentimiento altruista de real preocupación por  el interés nacional. La izquierda aprovecha las necesidades ciertas y reales del agro para promover paros contra el gobierno, y éste, para apagar incendios, firma compromisos varios que al final sabe que no puede cumplir. Y en ese jueguito malintencionado, la situación real del sector rural sigue en caída.

Para peor de males, nadie puede negar que desde hace algunos años la apropiación por la fuerza de amplias zonas rurales por parte de los sembradores y comercializadores de coca y toda clase de drogas alucinógenas, ha complicado aún más el tema de la tenencia y el deterioro de la calidad de la tierra cultivable, pero en esto si hay que decir que mientras a los paises consumidores no les dé por realmente ponerle freno a la excesiva demanda de alcaloides, muy difícil va a ser detener a los insensatos que, ávidos de dinero fácil, ven en el narcotráfico una gran oportunidad.

Así, entre factores internos y externos, la suerte de los labriegos de a pie, pequeños y medianos productores, se verá cada vez más precaria, mientras para el escenario publico unos y otros hacen discurso y promesas mentirosas, que solo buscan consolidar la posición de quienes, por vías demagógicas o armadas, creen que la tierra les pertenece exclusivamente a ellos, y es un factor más de la consolidación del poder de quienes luchan por la hegemónia para sus propios intereses. Y como siempre, en la pelea de los burros, el que pierde es el arriero…