Editorial

Editorial: LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR…

WILFREDO2014-baja bbPor Wilfredo Sierra Moreno.

Abordar el tema de la violencia intrafamiliar en Santander no es que se diga una empresa de poca monta, entre otras muchas cosas porque el fenómeno hunde sus  raíces en una vieja marca ancestral, la del machismo acendrado que ha caracterizado a los hombres y aun a las mujeres de estas tierras. Desafortunadamente cuando el tema se pone sobre el tapete muchos de nuestros sociólogos y tratadistas familiares de nuevo cuño prefieren mirar para otra parte, por esa otra característica muy de nosotros: nos las tiramos de muy verracos de labios para afuera, pero a la hora de la verdad no se tiene el suficiente valor para mirar de frente nuestras debilidades y defectos.

El viejo patriarca santandereano era –y en el fondo sigue siendo- un dictador en toda regla, al que lo único que le satisfacía totalmente era el sometimiento abyecto de toda su familia, sobre la que ejercía dominación ciertamente miserable. Partiendo de que su tendencia natural para la ternura es muy escasa,  y la mujer, más que un ser delicado al cual amar y consentir, era un objeto más de su propiedad. Así como tenía su caballo, su casa, su finca, sus animales y su dinero, presumía también de poseer su mujer, un objeto más de este insaciable poseedor de muchas cosas,  y por eso la violencia que ha ejercido contra el sexo opuesto ha sido tan acendrado. Esta especie de macho dominante tenía derecho a tener todas las amantes que se le diera la gana, paro si su esposa, mujer o concubina caía en un desliz romántico cualquiera, solo había una forma de saldar lo que él creía –y cree- que era la más terrible afrenta: matarla.

Y si uno mirara detenidamente y con espíritu investigador el interminable rosario de crímenes que contra las mujeres ha habido en los últimos años, encontraría – sorprendido – esa fijación mental de unos más que hombres simplemente machos en el término más animal de la palabra,  realmente convertidos en unos enfermos sexuales para el que, absurdamente, el otro sexo no sería más que un objeto licito de sus impulsos instintivos. Y aquí entra en juego un elemento en el que los estudiosos timoratos no quieren meter muela, y es el hecho que Santander registra uno de los índices más altos de casos de incesto, material explosivo sobre el que los teóricos formales prefieren no ahondar.  ¿Con esas premisas tan escabrosas, alguien puede pensar en encontrar una feliz convivencia familiar?

Y si Santander y Bucaramanga registran uno de los índices más alto en el trabajo infantil, es porque nuestros viejos jefes de familia, desde siempre, han tenido la profunda convicción de que a los muchos hay que ponerlos a trabajar desde niños para que sepan – argumentaban aquellos incultos señores – lo que es ganarse el pan con el sudor de la frente. Los muchachos “si trabajaban duro y se ganaban sus buenas monedas”, tenían alguna posibilidad de ir a estudiar. Pero sobre las mujeres de 20 o 25 años para atrás, había la convicción bien absurda de que no valía la pena ponerlas a estudiar porque ellas, en esas torpes consideraciones, supuestamente  vinieron a esta vida para dedicarse a las labores de la casa, casarse, someterse al marido y tener hijos.

Cuando uno mira a dos o tres décadas atrás realmente tiene que admirarse de la lucha que las mujeres han dado para logran un puesto bajo el sol en nuestra sociedad santandereana, que ha permitido que ahora no solo vayan al colegio, la universidad y adquieran grandes conocimientos, sino que igualmente asuman un papel de liderazgo. Pero aquí hay que hacer, desafortunadamente, odiosos compartimentos, porque mientras de las clases medias para arriba se acepta y muchas veces se estimula el desarrollo intelectual y laboral de la mujer, de las clases medias para abajo predomina los criterios arcaicos que hace que muchas veces se recurra a la violencia para tratar de mantener unos estándares de convivencia familiar y de pareja que están llamados a ser definitivamente revaluados.

Con todo, no deja de ser sintomático que la encuesta realizada por la unión de las empresas oficiales y privadas encargadas de revisar nuestro comportamiento social, haya escogido la violencia intrafamiliar como uno de los principales temas que los santandereanos quieren que se revise a fondo en este esfuerzo por tener una verdadera cultura ciudadana y de familiar. Algunos hogares son verdaderos infiernos diarios, y entonces uno no puede sorprenderse que de allí salga muchachos con problemas emocionales y sociales que impulsan una bola de nieva negativa que nos complica cada día mas nuestras vidas. Señores, gracias por ese esfuerzo, y ojala que no nos cansemos en el intento.