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Editorial: LAS CÁRCELES EN HACINAMIENTO…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

1aa wilfredoUna de las muchas muestras de botón en donde uno comprueba una y otra vez que el estado colombiano es una estructura fallida, está en el largo, difícil y complicado problema de los hacinamientos en las cárceles del país, que por mucho de ser denunciado, diagnosticado y analizado, no tiene ni pizca de posibilidades de ser corregida en el inmediato, el mediano ni en el largo plazo.  Y es que en este caso los diferentes actores implicados en el problema no tienen ni siquiera la facilidad de echarse descaradamente la culpa unos a otros, como se hace frente a muchos otros problemas estructurales del país.

Claro, el problema de los sitios de reclusión es consecuencia natural de la inoperancia funcional de la justicia, en donde los expedientes se acumulan uno sobre otros en juzgados que no tienen ni siquiera papel para moverse y en los que la burocracia paquidérmica y mañosa hace de las suyas de manera desvergonzada, sin que exista autoridad alguna que pueda poner coto a los problemas. Por supuesto no se le pueden pedir peras a un olmo… cuando las más altas expresiones de “la dignidad de la justicia”, los señores Magistrados, están dedicados a pedir multimillonarias sumas de dinero para resolver pleitos legales en una u otra dirección, no hay nada que esperar.

Aquí todo está unido, y la corrupción es un germen que carcome todo el quehacer nacional, de grandes a chicos, y no es sino ver cómo funciona dentro de las cárceles el sistema de cacicazgo o el pago de “recompensas” a guardianes para pasar de un patio a otro a “liquidar” a un interno enemigo, para comprobar que nada de lo que tiene que ver con el sistema carcelario es recto y decente.  Para no hablar de los sindicatos de los guardianes del Inpec, que son unas verdaderas mafias de burócratas del sistema, que aprendieron bien rápido a pelechar del nauseabundo ambiente reinante allí, y sacan su tajada bien pero bien grande en medio de la cloaca, sin que autoridad alguna se sienta con alientos para ponerle el cascabel al gato.

¿Y los derechos de los internos? ¡No me hagan reír! Si a los ciudadanos comunes y corrientes que vivemos en libertad y no hemos hecho nada contra las leyes de este sistema se nos vulneran todos los días y a cada rato nuestros más elementales derechos, ¿qué se puede esperar de la suerte de un ejército de seres que por una y otra razón cayeron allí y que en la práctica no tiene dolientes? Yo respeto por supuesto los esfuerzos de personeros y defensores del pueblo en esta materia, aunque la verdad sus acciones las veo más como formulismos del cumplimiento del deber – que justifica los muy buenos sueldos que ganan – que como acciones que vayan a solucionar, de alguna manera, los terribles problemas que en las cárceles y con los internos de ellas se presentan.

Desde luego, para que algo se mejore habría que cambiar todo el sistema paquidérmico de la justicia y la burocracia colombiana y, eso, la verdad, está bien pero bien lejos de ser posible. Y no me quiere meter, de paso, en el tema de los desmovilizados a quienes, como soldados rasos del paramilitarismo se les prometió el cielo y la tierra a la hora de la dejación de las armas, y ciertamente no tienen un estado ideal de vida ni su realidad actual es tan rosada como se la pintaron a la hora de la desmovilización. ¡Pero es Colombia señores! Aquí vivimos del cuento, de las promesas, de los procesos supuestamente históricos que van a cambiar la historia de la nación como este del proceso de paz, pero que a la final no queda en nada.

Yo si quiero que gobierno y guerrilla firmen bien rapidito su procesito de paz, para ver de dónde va a sacar el estado colombiano todo el dinero que requiere en la práctica una acción de estas dimensiones, y como y de qué forma les van a cumplir a los desmovilizados de la guerrilla con las promesas de cumbiambera con que ahora les endulzan el oído. El posconflicto no es con discursos melodramáticos de suedo sociólogos redentores que son unos verracos para hablar “chicuca” de lo humano y lo divino, sino con plata. ¿O es que aspiran solamente a aumentar geométricamente el número de los hacinados de las cárceles del país, acrecentándole al despelote actual un inmenso número de guerrilleros para que se mueran de hambre, tristeza y enfermedades en las redes del Inpec? Los quiero ver en la práctica cuando llegue la hora de su cacareado posconflicto, sí señor, los quiero ver…