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Editorial: LAS LECCIONES DEL TERREMOTO DE NEPAL…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.       

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Desafortunadamente son los momentos extremos de la vida de los hombres donde las grandes verdades de la existencia humana salen a relucir, y ahora como en muchas ocasiones en el pasado, la naturaleza nos está demostrando que frente a su acción, la vanidad y la arrogancia de los hombres que se precian de muy poderosos e inteligentes, nada vale. La intelectualidad, el avance conceptual, todo el desarrollo científico de que tanto nos sentimos orgullos, es poco menos que nada cuando la tierra, el agua o el fuego resuelven desatar sus iras. El todopoderoso ser racional, teóricamente el rey de la creación, queda reducido a poco menos que un impotente ante acciones que nada, absolutamente nada sobre la faz de la tierra puede detener.

¿Podría ello servir  para convocarnos a todos a ser más humildes, comprensivos, tolerantes con las debilidades de nuestro prójimos y dispuestos a compartir nuestros bienes con los más necesitados? Difícil es hacerse ilusiones al respecto y he ahí una de las graves ironías de toda la existencia humana, ya que no siempre sabemos valorar las orientaciones de los grandes filósofos en cuanto a que todo, absolutamente todo en esta realidad de tres dimensiones es transitorio, temporal, tan frágil como las cenizas al viento, y que deberíamos tener más conciencia de nuestra transitoriedad.

Pero como no todo en la vida es totalmente negro o totalmente blanco, también es en estos momentos cuando los gestos humanitarios de todas las naciones se dejan ver con más belleza, y no estaría bien desconocer la prontitud con la que diferentes países, gremios, especialistas de todas las vertientes, expertos en rescate y atención a los damnificados de las más variadas lenguas, razas y clases sociales han acudido a Nepal para darle la mano a sus congéneres en la desgracia.  ¿Por qué si en tragedias extremas todo eso aflora de manera tan espontánea y cálida, no siempre en los actos de la vida diaria somos capaces de expresar esa capacidad con nuestro vecino, con nuestro prójimo necesitado?  Ese es un interrogante que solo podrá encontrar respuestas en esferas conceptuales que superan, en mucho, la simple racionalidad promedio.

Y aunque la tecnología no nos puede salvar de los efectos de la furia natural desatada, cuán importante ha sido el papel de las nuevas tecnologías para poner rápidamente a parientes en las más disimiles partes del mundo en contacto, sabiendo que están bien y salieron bien librados de la tragedia. Facebook, sobre todo, ha mostrado que no sirve solo para transmitir chismes, insultos y coqueterías, sino que en momentos como estos es la gran herramienta mundial de la comunicación. Luego no siempre tienen razón cuando los fundamentalistas de todos los pelambres despotrican contra el internet como el gran anticristo de la convivencia universal. Nada es totalmente blanco ni totalmente negro, repetimos, y en esta como en muchas otras cosas la relatividad es una constante que hay que tener en cuenta permanentemente.

En momentos como estos estoy de acuerdo en pedir que aquellos que creen en oración – yo no lo hago – hagan sus plegarias por todos esos congéneres que tan lejos de notros sufren terriblemente estos momentos de angustia. De algo podría servir. Yo que practico la meditación, al hacerlo tengo que recordar con ironía que Nepal fue la región del mundo donde el Budismo tuvo su origen, y que la mayoría de quienes han muertos o están heridos o lloran la tragedia de los suyos, hacen parte de los que los budistas llamamos nuestra Sangha, el grupo de los seguidores del Dharma, que buscamos nuevos niveles mentales y emocionales para vivir la experiencia transitoria de la existencia de una forma mejor y, de paso, trabajar por el bien de todos los seres.  Ante mis hermanos de creencias, en la distancia, mi más caro sentimiento de solidaridad en estos momentos.

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El Templo budista más antiguo hallado en Nepal sería lugar de nacimiento de Buda.