Editorial

Editorial: LEBRIJA Y RIONEGRO.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.  

DON CLIMACO 1 (1) bbEsta semana pasada tuvimos la grata noticia de que el municipio de Lebrija había estado insistiendo en tramitar su ingreso al Área Metropolita de Bucaramanga. Qué bueno eso porque es un hecho que con la puesta en funcionamiento de la doble calzada a ese municipio su área de influencia está mucho más que integrada a Bucaramanga, Piedecuesta, Girón y Floridablanca. Como indudablemente lo estará el Municipio de Rionegro una vez terminada la doble calzada a esa localidad, que integrará importantes extensiones de terreno que serán claramente urbanizables, desdoblando el geométrico crecimiento urbanístico de lo que ahora es el Área Metropolitana en sí, y ofreciendo nuevas alternativas de vivienda con miras a 20, 30 y 40 años adelante.

Desafortunadamente la tal prospectiva urbanística entre nosotros se ha quedado en una frase de cajón citada por supuestos expertos en algunas reuniones académicas para descrestar calentanos, pero en la práctica no es aplicada ni aplicable, entre otras muchas cosas porque la estructura política de la región se reduce a las propuestas cortoplacistas de los 4 años de cada uno de los alcaldes de la región, donde los elegidos saben perfectamente poner en práctica – pero con malas consecuencias para los gobernados – aquello de que “cada alcalde manda en su año”.

La cosa es mucho más grave para Lebrija y Rionegro, porque estando tan cerca geográficamente a Bucaramanga, conceptual y sociológicamente se está muy lejos de los presupuestos administrativos del centro del departamento, porque aunque parezca increíble, esas dos municipalidades viven aún en la edad media, en medio de un feudalismo vivencial y político que ciertamente desconcierta, a donde a las administraciones locales han llegado verdaderos campesinos con criterios de capataces draconianos de finca, que ni entienden la modernidad administrativa ni política, ni les interesa para un carajo ponerla a funcionar.

Para el caso de Lebrija, los observadores imparciales de lo que allí suceden hablan de un alcalde ególatra al cual más, que no delega para nada acciones administraciones, que lo quiere hacer todo él personalmente, hasta los boletines de prensa cuando es que le da por informar de lo que reamente está haciendo o intentando hacer en esa municipalidad. ¿Oficina de prensa y periodistas para que hagan una información y un cubrimiento diario y al detalle de los que por esos predios se construye? ¡Qué va! Parece ser que lo que si entendieron muy bien en su desarrollada malicia indígena es que entre menos se diga de lo que hace o se deja de hacer es mucho mejor, porque así no se tiene que estar sometido al escrutinio público y a la crítica que tanto les incomoda a los neuróticos mandamases feudales.

Pero Bucaramanga y los municipios que hoy conforman la actual área metropolitana de la ciudad tienen que entender, claramente, que con vista a 20, 30 o 40 años, sus suelos no pueden sostener el desaforado crecimiento urbanístico y de población que está viviendo nuestro entorno y, así se mueran de la piedra muchos de los supuestos dueños de las verdades administrativas en nuestro entorno, tampoco va a poder mantener la calidad de los servicios públicos domiciliarios, que ya hoy, no son tan excelentes como hace 10 o 15 años.

Y ojo señor alcalde de Rionegro, mire si por lo menos puede imitar este temporal “chispazo” del cacique de Lebrija, y piensa en términos de futuro para sus gobernados. Usted puede estar muy cómodo de su poltrona de reyezuelo de caserío semi feudal, pero en su entorno hay incalculables posibilidades y riquezas, que perfectamente podría intentar capitalizar para el bien de las gentes de su municipio. Mirar dos palmos más allá de la nariz es bueno para todo político que se quiera proyectar hacia el futuro en la vida municipal, departamental y nacional, y para que no tenga que terminar en el triste papel de ser luego un paisano más, sentado tomando cerveza en el bucólico parque al frente de la alcaldía municipal de Rionegro, hablando de las tres pendejadas que hizo cuando alguna vez fue alcalde. Claro, para eso es necesario estrenar algunas neuronas más de su cerebro, pero le aseguro que el esfuerzo vale la pena…