Editorial

Editorial: ¿LLEGO EL MOMENTO DEFINITIVO DE LA PAZ?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mLos inusitados movimientos en la mesa de conversaciones de la Habana, con visitas inesperadas de nuevos jefes guerrilleros, harían suponer que decisiones trascendentales estarían por tomarse en cuanto a las negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC, y de ser así, todos los colombianos debemos alegrarnos. Las reservas que desde estas líneas siempre hemos expresado al respecto de este proceso surgen más de nuestro bagaje como periodistas, que hemos vistos como muchos cuentos de hadas se nos han vendido a lo largo de la historia nacional en materia de orden publica, y al final nada pasa.

Pero en lo particular, a diferencia de un reconocido sector político, no tenemos posiciones enfermizas al respecto de estas negociaciones, no hacemos de la guerra una obsesión personal con la que nos casamos hasta el delirio y, por supuesto, cuanto daríamos porque una pacificación cierta y en condiciones claras para los dos sectores, gobierno y guerrilla, pero también para el pueblo colombiano, se pudiera dar hacia el futuro.

Este país ha gastado muchas energías, plata, bala y vidas en guerras fratricidas desde tiempos inmemoriales, y si todo ese capital humano y económico se hubiera invertido en el desarrollo nacional, otro gallo nos cantaría. Pero claro, sin que hubiera existiera ese otro cáncer miserable que nos ha carcomido desde siempre, la corrupción, que ha hecho que la plata que los nacionales aportan a las tesorerías nacionales, departamentales y municipales, se vaya a los bolsillos de una clase política indolente y picara, que tiene más desfachatez que esos desafortunados que con un fusil en la mano acaban con la vida de otro congénere.

A lo que si no podemos jugar es al canto de sirenas de quienes nos quieren hacer creer que la sola firma de un cese de hostilidades con subversión surgirán, intempestivamente, los ríos de miel y leche de las fantasías alienadas que los predicadores de dichas imposibles pregona para los estúpidos, porque la confrontación armada no es sino uno de los muchos frentes en los que esta nación anda muy mal desde hace muchos años.  El gobierno juega, audazmente, a reducir todas las expectativas nacionales a ese acuerdo, queriendo minimizar, absurdamente, en ingente mar de todas esas limitaciones que hacen de esta sociedad una de las más desiguales del mundo.

Quienes hemos trabajado durante muchos años en los medios de comunicación sabemos de los que es tratar de manipular la percepción de un fenómeno dado, repitiendo una y otra vez mentiras como verdades ciertas y, sobre ese hecho de fondo falso, tratar de desarrollar una represión sistemática contra el reclamo legítimo de los sectores populares que sientes todos los días donde les aprieta el calzado y les chilla el estómago cuando el hambre apremia. Porque es que la plata no solo se ha ido en balas y guerra sino igualmente en contratos leoninos que le quita la inversión al desarrollo y al trabajo social, para enriquecer a unos pocos cínicos.

Es una verdadera lástima, para algunos, que no pertenezcamos a cierto números de bobos congénitos que nos contentamos con una gaseosa y un pan conceptual en esto de ver el problema nacional, y ojala salgamos rápido del chicharon de La Habana para ver esos otros frentes de la realidad nacional en donde el rancho arde y mucho más que en el plano armado.  Por lo pronto ojala sea cierto que la plática de la nueva reforma tributaria se vaya para obras de infraestructura como dicen, y que el 20, el 30 y el 40% de los montos destinados para las grandes mega obras no se queden en los bolsillos de los vivos de siempre. Porque esos “serrucheros” si no van a firmar un acurdo de arrepentimiento y cambio con la nación, y van a seguir haciéndonos el daño de acabarnos el progreso, el pan, las obras y la tranquilidad nacional.