Editorial

Editorial: LO DEL TRABAJO INFANTIL…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra 2La celebración del día del no trabajo infantil hace parte de todas esas ceremonias formales que tienen por objeto llenar de titulares  la prensa, la radio y la televisión, pero que a la larga no traen soluciones  verdaderas a una situación que habla mal y denigra de la conciencia de una sociedad que para afuera se quiere vender como muy desarrollada, pero que en la práctica no lo es.

El gran problema es que más allá de los discursos oficiales no hay una verdadera voluntad política para poner en ejecución una acción seria contra el trabajo de los niños en nuestra sociedad, y cuando llega al hecho de tener que poner en cintura a tanto padre y madre que se rasga las vestiduras hipócritamente hablando de su dedicación a los hijos pero que, la verdad, solo los usan y explotan en su beneficio,  entonces en estado no tiene dientes para hacer respetar los preceptos que sobre el respeto de los derechos del niño están escritos en tanta ley y normas que abunda en este país.

Lo cierto es que si se tratara de poner en cintura legalmente a tanto violador de la ley infantil, los Juzgados de Familia, como todos los juzgados de la nación, están llenos de expedientes y expedientes que nunca son resueltos a tiempo, y los procesos contra los infractores en estos casos como en muchos otros, duerme el sueño de los justos. Bonito el discurso de la defensa de todos los derechos de los nacionales, pero los juzgados no tienen personal suficiente, papelería y, ni siquiera buena dotación de muebles y computadores para cumplir con su oficio. Así, ¿cuál defensa de los derechos del niño?

Los discursos, la publicidad, las campañas radiales y de televisión, los boletines de prensa de todos los alcaldes del país, las crónicas de los periodistas con sentido humanitario, todo muy bonito, pero en este país de inconscientes genéticos a muchos supuestos padres esos mensajes les entra por un oído y les sale por el otro. Y ahí es donde las medidas coercitivas legales deben entrar en acción, pero para eso la estructura legal debe tener bastante musculo para que las normas y la ley no queden como rey de burlas.

Y no hablemos de la responsabilidad y la conciencia de quienes engendran entre nosotros, porque ahí sí que  la irresponsabilidad es oceánica, aun mas agravada en las nuevas generaciones que creen que todo en la vida se reduce a tener sexo, sin una verdadera preparación cuando la fertilidad  de la mujer se haga presente, y muchos menos para realmente querer y educar unos hijos que no son el fruto de una paternidad consiente, sino de un descuido en la planificación sexual.

Vista así las cosas, el panorama para los niños de nuestro entorno no es muy halagador. Los seguirán poniendo a trabajar sin que vayan al estudio y nada pasa. Pero no importa, que viva el día del no al trabajo infantil en Colombia. Aquí a muchos señores del poder les gusta es que los ciudadanos y los periodistas hagamos parte del insulso comité de aplausos de todo lo que ellos programan. Así que viva la fiesta…