Editorial

Editorial: LOS ALCALDES MUNICIPALES: REYEZUELOS ARROGANTES…

Publicidad

WILFREDO2014-baja bbPor Wilfredo Sierra Moreno.  

El desarrollo de la temática del encuentro de alcaldes del país en Bucaramanga hoy la verdad no me interesa mucho, porque todos sabemos que estos son más bien reuniones  protocolarias que sirven solo para dar rienda suelta al deseo de viajar y de beber de la burocracia municipal y en donde la mayoría de las cosas que se dicen teóricamente sobre una mejor posibilidad de servir a las comunidades, termina llevándosela el viento.

Los alcaldes municipales colombianos terminaron siendo, en últimas, una especie de reyezuelos desvergonzados que reinan en sus periodos con una soberbia digna de mejor causa, y que terminan casi todos emproblemados con la justicia nacional, por la forma descarada y cínica en que se han entregado a la corrupción. La manera en que se multiplican los contratos leoninos y con doble intención para llenar los bolsillos de estos personajes – la mayoría de las veces mediocres actores de tercera categoría-  es solo el reflejo claro  de la descomposición ética y moral de una clase política que no llegan a las alcaldías a servirle a las comunidades sino a servirse a sí mismos y a la rosquita electorera de sus amigos que, una vez terminados los periodos al frente de las administraciones locales, aspiran a seguir la carrera política que requiere de mucha pero mucha plata y por supuesto, unos particulares hígados de buitres.

En lo de la Reforma Política Constitucional que piensa sacar adelante el Presidente de la República hay que decir que, con  el transcurrir del tiempo, estos mecanismos de transformación formal de lo que dice la letra de nuestra Carta Magna se volvió una herramienta puesta al servicio de las necesidades inmediatas del gobernante de turno. Así, Álvaro Uribe la reformó para permitir sus deseos de mantenerse indefinidamente al frente del estado colombiano, y Juan Manuel Santos lo hace sobre la premisa de cerrarle el paso al otro codueño de la nación –el ex presidente del Centro Democrático- quien también buscaría   reformarla, pero  para buscar volver por tercera vez a dirigir la nación en su beneficio personal.

En el fondo, todo se reduce a eso. Lo de querer servir a los más altos intereses de la nación es pura carreta. Y si en el discurso maquiavélico  la nivelación de los periodos de los alcaldes con el del Presidente de la República quiere ser presentado como un gran aporte del gobierno central a las administraciones municipales, eso en ultimas  solo es un mecanismo de promoción retocada, maquillada, acicalada,  de encubrir unos intereses más profanos  a los ojos de los ciudadanos comunes y corrientes, que todos los gobernantes de turno de ésta nación siempre  han considerado intensamente pendejos. La verdad cruda y fría es que el gran gobernante nacional necesita el respaldo formal de los titiriteros municipales, y con la golosina de la igualación de periodos con el del Presidente de la República, consigue aliados políticos, interesados por supuesto, en seguir disfrutando por uno par de años más de los goces que la mermelada municipal –y otras cositas- les puede dar.

¿Y de la gran lucha contra la corrupción de la que usted, señor Presidente, supuestamente era el gran adalid, que? Los alcaldes municipales de la nación hacen ochas y panochas con la contratación oficial y los recursos de las tesorerías locales – que es la plática del pueblo – y ni los Personeros ni los Contralores municipales, elegidos en ultimas con la complacencia de los mismos politiqueros de oficio locales que toman asiento en los concejos municipales, hacen nada por corregir el tránsito de los dineros oficiales a los bolsillos particulares. ¿Perdió usted la memoria, doctor Santos, en eso de combatir la delincuencia estatal?

Pero bueno, no queda la menor duda que el evento aquí en Bucaramanga saldrá muy bonito y que los discursos allí oídos llenaran los titulares de todos los medios de comunicación del país, para que la semana entrante ya todo lo expresado aquí se olvide definitivamente. Es en reino de la patria boba en la que con una placidez estúpida nos hemos convertido. Y todos tan felices…