Editorial

Editorial: LOS CUERPOS DE BOMBEROS, OTROS GRANDES SACRIFICADOS DEL PAÍS…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.      

WILFREDO SIERRA MORENOAhora que la ola  de verano  con su inmediata consecuencia de los incendios forestales pone de presente la necesidad de buscar cómo controlar, de cualquier manera, ese fenómeno que amenaza con terminar lo poco que nos queda de la reserva forestal en el país, aparece nuevamente en escena la tragedia de los cuerpos de bomberos del país, que en los pocos municipios donde existen son mayoritariamente voluntarios, y cuando están de alguna forma inscritos a las administraciones municipales, son el refugio de esa burocracia rampante que no sirve para nada, salvo, por supuesto, llevarse la plática de la nómina y en alguna ocasiones otras cositas…

Pero en materia de prevención de desastres, la estructura de los diferentes aparatos logísticos para atender grandes calamidades es realmente muy pobres, y la mayoría de los diferentes encargados de estas oficinas en gobernaciones y alcaldías tienen que hacer milagros con los pocos puchos que de la mesa del Rico Epulón de las administraciones les tiran, y ver cómo responden, mal que bien, al favor que el nominador les hizo al colocarlos en tan comprometedora chanfaina.

A diferencia de lo que ocurre en Europa o los Estados Unidos, en donde los cuerpos de bomberos reciben la más alta consideración no solo en efecto sino en inversión económica de las administraciones locales que las manejan, entre nosotros estos cuerpos son las cenicientas del paseo -¡y si acaso eso!- en donde los pobres hombres encargados de apagar incendios y salvar vidas no cuentan ni con los vehículos adecuados para hacer efectivo su trabajo, ni con los recursos técnicos y físicos – y muchas veces de indumentaria segura – para desempeñar efectivamente una tarea que en otras latitudes del planeta es prioridad Uno A…

Pero es que el tropicalismo no es solo un calificativo para fastidias a gobernante, y de eso si podemos hablar con precisión los bumangueses que recordamos como, hace un par de años, nuestra alcaldía municipal se incendió totalmente, teniendo el cuerpo de bomberos de la ciudad a solo dos cuadras. Aunque claro, las malas lenguas dicen que la orden que “desde arriba” se impartió a los bomberos era que se quedaran quietos, porque el objetivo de las manos criminales que iniciaron la deflagración era precisamente que todo se consumiera…

¿Cuantos de nuestros municipios colombianos tienen realmente cuerpo de bomberos para hacer frente a los incendios forestales que ya se dan por montones, y eso que el verano apenas comienza en nuestro país? Después nos quejamos y lloramos como las plañideras, por la pérdida de vegetación, cultivos, rancheríos y vidas, pero no somos capaces de hacer un acto de reflexión para ver cómo, nunca, en épocas de no crisis, creemos que debemos invertir en logística, maquinas, locaciones y en el bienestar de esos hombres que con una manguera en la mano arriesgan su vida – la mayoría de las veces por simple vocación de servicio – para salvar la de los demás ciudadanos.

Y antes de terminar estas líneas quiero recordarle a mis buenos amigos bumangueses que tienen la gentiliza de leerme, que Bucaramanga es una ciudad que está asentada sobre 5 fallas geológicas, 3 de ellas de proporciones gigantescas… ¿Alguien ha visto que se nos haya preparado, aunque sea medianamente, para el caso de un no imposible terremoto entre nosotros? ¡Qué va! Aquí todos son fiestas y cucarachas. De los bomberos nos acordamos, si acaso, cuando hay incendios. Y ante la posibilidad de una gran tragedia geológica, habrá que decir como repetía constantemente nuestro folclórico y desaparecido amigo Cuco Serrano: recen lo que sepan.