Editorial

Editorial: LOS HOMBRES DIOSES…

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WILFREDO2014-baja bbPor Wilfredo Sierra Moreno.   

Durante muchos años de mi vida me negué el placer de dejarme embriagar por esa pasión desbordante que produce el futbol y muchas veces califique de irracional esa locura exuberante que produce el balompié  entre miles de millones de seres del planeta. Claro, venia de observar la triste actividad de nuestro Atlético Bucaramanga que jugaba como nunca y perdía como siempre,  y resulta prácticamente imposible sentir cualquier tipo de emoción positiva con el comportamiento histórico tan mediocre del equipo nuestro.

Pero a raíz de este mundial de fútbol mi percepción y emocionalidad frente a esta actividad  de multitudes ha ido cambiando radicalmente y he comenzado a saber lo que es la borrachera emocional que ocasiona esta curiosa pasión y, me he entregado poco a poco pero definitivamente, a este embrujo no racionalmente definible pero que concluyentemente produce unos efectos de embriaguez arrollador y delicioso.

Y fue justamente ayer, mientras veía la entrega de la camiseta del Real Madrid a nuestro fabuloso James Rodríguez, cuando comprendí que me había convertido en un adicto irremediable de este apasionante jueguito, porque llegue hasta las lágrimas en un momento dado de todo ese ritual surrealista y fabuloso en que se convirtió ese que yo pensé, era solo un acto formal de las directivas para su nuevo fichaje.  Ver a casi todo un estadio lleno de seguidores desbordantes del Real Madrid vitoreando como a un dios encarnado a este muchacho sencillo pero genial con el balón,  fue una visión desconcertante que me dejo ver una realidad de la vida y del mundo que nunca había experimentado.

Y entonces entendí, fascinado, que el fútbol es el gran desahogo pagano de millones de seres de este globo rodando en el espacio, que adoran, como a los dioses, a estos hombres geniales que merecen una lealtad y un amor irremediable de miles de millones de seguidores en todo el planeta. No son hombres simplemente, son hombres dioses,  trascendentales, fabulosos, que merecen la lealtad, el sometimiento, el amor, la pasión de centenares interminables  de hombres y mujeres para los que no hay exaltación más grande que el fútbol. E igualmente inicie a procesar  cosas tan aparentemente absurdas como la Iglesia Maratoniana, que ha hecho del más grande jugador de fútbol argentina a su dios pagano pero humano, al que rinde un tributo de aprecio que no tiene precio ni limite en sus seguidores. ¡Qué locura! Pero por algo esta es la más grande  alegría de los seres humanos en este desconcertante planeta y uno de los tantos estados alterados de conciencia que justician el paso por este perro mundo. Y por este paganismo no tenemos el peligro de ser procesados por una Santa Inquisición, porque hasta el mismísimo Papa Francisco es un miembro de nuestra cofradía,  y sabe lo que es gritar como alienados por los goles de nuestro equipo preferido.