Editorial

Editorial: LOS OSCAR A LA PELÍCULA BIRDMAN CON UN TEMA COMPLICADÍSIMO DE FONDO: EL EGO.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Alejandro González Iñárritu no solo ha sido el primer mexicano en haber irrumpido con dimensiones de monstruo de la escritura y la dirección en el cine, con una de las mejores películas de la última gala de los premios Oscar, producción con la que se ganó cuatro de las nueve estatuillas a las que estaba nominado por su película Birdman, sino que además lo hace con una de los temas más complicados que tienen que ver con el comportamiento de los seres humanos: el ego.

Posiblemente ese gusanillo perverso que tenemos todos los mortales de creernos, cada uno a si mismo, el más verraco, inteligente y poderoso del mundo, ha sido la causa de todos los males del género humano, y sus efectos han ido desde simples terminaciones de relaciones de pareja hasta verdaderos genocidios y guerras mundiales. Pero González Iñárritu lo mediatiza trayéndolo a la época presente de los medios tecnológicos y, al hablar de las razones del desarrollo de su personaje principal en la cinta, en una entrevista para la última edición de la Revista Bocas, lo explica de manera meridiana:

“En la era del mundo digital – explica Alejandro González -, de las redes sociales, hay una necesidad enfermiza por obtener la aprobación de los demás. Somos testigos de esa competición por conseguir más seguidores, por sentirnos reconocidos; buscamos oír que somos inteligentes, famosos y populares. Hay una epidemia de popularidad que ha infectado a toda la sociedad. No creo que ese problema sea solo de los actores, el actor es solo un símbolo”, termina sentenciando con sabiduría el creador de Birdman.

Además de recomendar a todos mis lectores ir a ver esta premiada cinta, me parece que el tema bien puede ser un punto de partido para una seria discusión sobre el mundo emocional en que se están levantando los jóvenes de hoy en día, bajo unas presiones mediáticas que nunca vivimos los mayores de 40 o 50 años.  Si bien es cierto en nuestro tiempo nuestra siquis nos llevó a competir y emular, el marco de referencia de esa confrontación era cuando mucho la escuela, el colegio, el barrio o los lugares de trabajo.

Pero el problema ahora es que con la universalización de las comunicaciones a través de los medios virtuales, esa “necesidad enfermiza por tener aprobación de los demás” adquiere unas proporciones en los muchachos que, realmente, pueden ser mucho más que delicadas. Y el acrecentamiento de las patologías de un ego desbordado, que genera terribles dificultades en la mente de los muchachos, dificultades que unos padres lerdos y metidos en sus problemas de otras épocas, no podemos ni siquiera entender.

Al hacer estas humildes reflexiones sobre una de las muchas películas galardonadas en la última gala de los Premios Oscar, debemos recordar que a la vez que nos divertimos, el cine, bien visto, educa en muchas áreas.  Y de paso dejar constancia de que si bien es cierto las nuevas y muy buenas salas de cine ya nos están actualizando más en Bucaramanga en cuanto a las últimas y buenas producciones del Séptimo Arte, a veces los programadores de las salas nos siguen tratando como a un pueblucho de tercera categoría…