Editorial

Editorial: LOS POSTULANTES A LA PAZ ENVENENAN NUESTRAS FUENTES DE AGUA…

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WILFREDO2014-baja bbPor Wilfredo Sierra Moreno.

El dicho aquel de que tras de cotudos con paperas  sí que nos viene como anillo al dedo a los colombianos que, además de tener que resistir los efectos de la sequía sobre nuestras fuentes de agua por los problemas del cambio climático, encima tenemos que cargar con la original acciones de los señores de las FARC, que no solo atentan contra los acueductos que todavía están más o menos sirviendo,  sino que igualmente tienen la originalísima idea de envenenar nuestros ríos, derramando sobre ellos el petróleo de los vehículos transportadores de este líquido que interceptan, detienen, despojan y luego vacían sobre nuestros afluentes de agua, decretando la inutilidad de tales corrientes como proveedoras de líquido  consumible por los habitantes cercanos de los sitios donde estos atentados se dan.

Con la preocupación que tengo de no incomodar al Señor Presidente de la Republica, a quien toda referencia negativa a sus contertulios de mesa en La Habana enfada terriblemente, quiero hacer malabarismos lingüísticos para que el doctor Juan Manuel Santos no cargue sobre mis hombres el terrible mote de “enemigo de la paz”.  Vote por él en las pasadas elecciones para no aguantarme el muñeco ventrílocuo del doctor Álvaro Uribe, pero no exactamente porque el temperamento, el discurso y el programa del marido de la señora Tutina me haya impresionado de verdad verdad.

Incrédulo como soy en muchas materias, su cuentico de la paz nunca me ha convencido que digamos del todo, y cuando sus comportamientos en procura de merecer el Premio Novel de la Paz me lo hacen tan parecidos en el tono del discurso a los célebres y trascendentales Misael Pastrana Borrero y Belisario Betancur, no puedo dejar de sentir temblores físicos de indignación,  y hasta de dejar pasar por mi mente la determinación extrema y suicida de recurrir a al Obispo que tanto recomienda mi colega Juan Carlos Ordoñez en Caracol, para pedir confesión y bendiciones   exorbitantes. Pero es que ese monseñor es tan cretino y más falso que un perro verde,  que con todo y mi desesperación me aguanto las ganas de ese paso angustioso.

Lo que más me intranquiliza es que mi Presidente, el rebautizado Juanpa, no entienda que el mismo se inventó la original idea que todo lo que acuerden en ese dialogo de autista en los predios de Fidel Castro, debe ser refrendado en las urnas, con voticos,  por el pueblo colombiano. Me asalta la terrible incertidumbre de que con semejantes cagadas –perdone la mala expresión señor Presidente- ninguno de los electores nacionales van a querer votar por el sí en la fecha de la teórica refrendación con sus niños consentidos de la guerrilla, y mi futuro Premio Novel de la Paz se va a quedar con los crespos hechos.

Porque es que eso de destruir acueductos y envenenar los ríos con petróleo no creo que se le ocurra ni al más degenerado de los delincuentes comunes y corrientes, claro, salvo que estuvieran infectados por la maléfica doctrina marxista-leninista, que sentencia, muy de acuerdo con Maquiavélico, que el fin justifica los medios,  pero que además hay que emplear todos los métodos de lucha para destruir al enemigo. ¿Pero al fin que, amigos o enemigos? La verdad yo estas alturas no entiendo mucho eso de los acuerdos para lograr la paz, porque entre más dizque cerca estamos de firmar esa cosa que yo no sé cómo la irán a bautizar cuando termine el parto, más bombas, muertes, atentados  y mierda nos lanzan los del otro lado, para que los de esta orilla supuestamente los queramos más. ¿Será que si les funcionara la estrategias a los brillantes postulantes a la paz? No sé y no se lo puedo averiguar a Dios en oraciones, suplicas, auto laceraciones, penitencias, avemarías y padrenuestros, porque yo no creo en todas esas pendejadas religiosas, como no le creo a los métodos de enamorarnos para que votemos afirmativamente los Acuerdos de la Habano, de los amigos de Timochenko y compañía.

Y si no creer me condena al infierno, la verdad es que yo por esos lados me sentiría  más seguros que por aquí, donde un adorable guerrillero, para demostrarme que quiere de todo corazón la paz, me meta un par de puñadas, o de tiros, o dos granadas bien envenenadas pero, además, luego se lo debo agradecer “porque eso si hacer patria. ¡Hay Juanpa, este país es mucha locura hijuemadre!