Editorial

Editorial: LOS VIEJOS Y LOS INDIGENTES…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra 2La destinación de 9.261 millones de pesos a los Centros Vida y de Bienestar que tiene que ver con la atención de los ancianos del departamento,  es un gesto que destaca el compromiso del señor Gobernador del departamento de Santander para un sector de la población que no ha sido precisamente el más atendido en muchos aspectos, y que no solo desde el punto de vista institucional sino igualmente familiar, han ido siendo marginados paulatinamente, sin un reconocimiento real de lo que fue su aporte al desarrollo de las pasadas generaciones, el desarrollo institucional y familiar.

La dimisión real del compromiso social de una comunidad dada se refleja no solo en la cantidad de obras de cemento y en crecimiento de sus edificios y conjuntos habitacionales, sino igualmente en su preocupación por los sectores más débiles de su familia colectiva, los viejo y también los indigentes que, en el criterio intolerantes de muchos sectores, muchas veces son estigmatizados hasta el extremos de querer justificar su muerta con las mas píricas excusas. Lo que sucedió con el sonado caso de “el Calidoso” en Bogotá, abre una muy importante beta de discusión en torno a los verdaderos criterios humanitarios y mentales de ésta sociedad nuestra.

Nunca se podrá olvidar que muchos de los males sociales que  tenemos  es el fruto de lo que nosotros mismos hemos construido,  y por ejemplo, nunca he podido entender el desprecio casi fascista de algunas elites por los vendedores ambulantes que son el fruto de un estado de cosas que no ofrece empleo suficiente y de calidad para mantener a las familias de estos sectores marginado.  Algunos círculos de cuello almidonado quieren vivir con las condiciones socio económicas y de lujos de las más respingadas ciudades europeas, sin entender, en ningún momento, que los lunares de nuestra estructura sociológica son el fruto de fallas estructurales en la que ellos, quienes casi siempre han manejado el poder, han incidido de manera fundamental.

Pero claro, no habría sino que ver como algunos de los padres, madres y abuelos de las más prestantes familias son enviados a unos muy buenos y elegantes centros geriátricos de la ciudad y del departamento,  pero sin el respaldo emocional y de afecto de quienes, en casi todos los casos, ayudo a construir las fortunas de esos  hijos desagradecidos. Mi abuela solía decir que no todo en la relación familiar se reduce a plata y comida porque, argumentaba ella en su acida forma de plantear las cosas, “también a los marranos se les mantiene muy bien y se les da de tragar todos los días, pero ahí no hay una relación afectiva ni verdadero amor”.

Al agradecer a doctor Richard Aguilar esta destinación pronta y efectiva para invertir en los ancianos de todo el departamento, habría que pedirle que se buscaran mecanismos desde la administración departamental para supervisar la efectividad y la buena utilización de estos recursos por parte de los alcaldes municipales del departamento,  algunos de los cuales son verdaderos insensibles al criterio humanitario que debería tener un dirigente social, y se dedican solo a vivir su cuarto de hora como reyezuelos que alimentan un ego desbordado, que la mayoría de las veces no corresponde, para nada, de los que verdaderamente son. A la buena destinación presupuestal gubernamental hay que acompañarla de una vigilante constante y persistente de esos pesitos, para que no terminen en fiestas y guacharacas…