Editorial

Editorial: MISERABLES QUE EXPLOTAN LA MISERIA…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

descargaContrariamente a lo que la perversa teoría marxista afirma, la perfidia explotadora de los congéneres humanos no solo se da entre la gran oligarquía del mundo, y no hay sino ver una y muchas historias de indignantes actitudes utilitaristas y abusadoras de muchos exponentes del proletariado universal, para ver que la voracidad capitalista anida tanto en ricos como en pobres.

Es lo que hemos podido comprobar en Bucaramanga cuando, luego de registrar la muerte de 4 miembros de un hogar en la tragedia del 13 de marzo por la ola invernal que destruyo una casucha en las laderas de la ciudad, supimos anonadados que esos pobres seres que perecieron allí, pagaban arriendo por ese incomodo, inestable y peligroso refugio que tenían. ¡Definitivamente miserable! Y estamos seguros que los que ejercen este delito de vender o arrendar lotes  y casuchas en terrenos técnicamente inhabitables no son miembros del gran capitalismo bumangués, porque conocemos, perfectamente, como proceden los desalmados proletarios en tránsito a comerciantes inescrupulosos de la miseria.

Es vieja y recocida la táctica de estos proletarios habilidosos de invadir terrenos y hacerse a la “propiedad” de pedazos de lotes en donde construyen casuchas, que luego arriendan para ir, con persistencia de mercaderes insaciables, a realizar otra invasión, y otra y otra, haciéndose así al dominio de muchos pedazos de tierra que les brinda, en un mercado criminal con la pobreza de los necesitados, un ingreso creciente de dinero realmente maldito y mal habido.

Pero si esto sucede es porque, definitivamente, entre nosotros no hay estado que haga cumplir  las leyes y velar por la seguridad de los miembros de su comunidad, lo que es caldo propicio para que éste como muchos otros delitos y crímenes, se den por montones en nuestra flamante sociedad. Y claro, somos efectivitas, hacemos la alharaca y el escandalo cuando las tragedias pasan, pero no tenemos los mecanismos para garantizar el imperio de la Ley, y mientras derramamos lágrimas de cocodrilo, muchas otras familias humildes en diferentes puntos de peligro de la ciudad y el área metropolitana, pagan arriendo por vivir al borde de precipicios y laderas que más temprano que tarde, frente a la ola invernar, propiciaran nuevas desgracias.

Solamente cuando estas  desventuras se vuelvan a presentar, dentro de ocho, quince días, un  mes o muchos más, regresaremos a hacer el escándalo mediático,  con las oportunistas fotos de rigor,  en donde los funcionarios encargados del manejo de desastres posaran, como cazador sobre su presa, al lado de los sitios de la muerte. Pero es que los burócratas no tienen hígados… Con tal de salir en las fotos de primera plana de los medios de comunicación, son capaces de hacerse fotografiar pisando la cabeza de las pobres víctimas de los desastres,  como si esta fuera su única función, y no precisamente evitar que estas desgracias ocurran. Pero qué le vamos a hacer… ¡Así somos nosotros!