Editorial

Editorial: ¡MISERABLES!

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

wilfredo sierra 2Verdadera soberbia y rabia da la muerte de los niños en Fundación en Magdalena porque en la desgracia inciden toda una serie de factores estructurales y personales que muestra la terrible irresponsabilidad en la que muchos actores de la vida nacional se mueven, sin importar las consecuencias que tan alegre forma de proceder puede originar. En primer lugar la cínica liviandad con que el supuesto “pastor” de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia procedió para movilizar a estos pobres niños, para llevarlos a lavarles el cerebro con sus conceptos de dogmatismo religioso.

Como todos los presuntos pastores de almas, en el fondo hay unos avaros recaudadores de dinero que buscan con pasión desesperada llenarse más y más los bolsillos de billetes y, desde ese punto de vista, conseguir el transporte más barato, quien sabe si gratis, tiene una lógica perversa en la mente monstruosa de ese tipo de lobos mortales disfrazados de supuestas ovejas, que hacen cada vez más y más daño a amplios sectores de la sociedad.

Este miserable se valió de otro mezquino,  que sin licencia   de conducción  y con un vehículo que era por su constitución una sencilla trampa mortal, se ofreció, quien sabe si por  ganarse un par de pinches monedas, a hacerse responsable de la vida de todo un gran número de pequeños seres que, con la ingenuidad propia de su edad, no sabían que estaban  destinados a ser las víctimas de la inconsecuencia de muchos actores, que en el fondo les importa un carajo la suerte y la existencia de los demás.

Pero igualmente a la institucionalidad del estado le queda una vez más la cara muy mal pintada, porque aquello de que existen normal, leyes, reglamentos y condiciones para manejar el transporte vehicular de la nación es pura paja y, cada quien hace en éste país lo que le da la gana, conduciendo  y haciendo circular vehículos que hace rato, por razones de las más elementales consideraciones, deberían estar fuera de servicio. Pero no solo es la insuficiencia administrativa, sino igualmente la corrupción hace que en materia vehicular cada quien improvise irresponsablemente a su manera. Por unos cuantos pesos, funcionarios de las diferentes direcciones de transito del país y los mismos alférez de tránsito, se hacen los del vista gorda frente a las más fragantes violaciones del código de transporte.

No logro imaginarme la desesperación de los padres de estos humildes niños sacrificados.  Seguidores de una secta religiosa, la confianza en que su vida y la de sus pequeños estaban en la mano de Dios, además de la perdida de sus amados criaturas, la cabeza se les puede reventar pensando que cuando creyendo que hacían lo mejor mandando a sus hijos a un culto, perdieron a sus amados pequeños. Triste, muy triste todo esto, y algunas veces la impotencia es el único sentimiento real al ver todo las cosas ilógicas que pasan en éste desconcertante país…