Editorial

Editorial: ¡MUJERES DIVINAS¡

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Me declaro un irreprensible enamorado de todas las mujeres del planeta, y aunque algunas veces de han hecho sufrir, nadie ha podido desarrollar con mayor éxito su papel de madre, esposa, abuela, compañera y amante que este insustituible ser de la creación, que siempre me ha hecho preguntarme sin no poca sorpresa – y sin homofobia – como hay hombres a los que no les gusten las mujeres.

Desafortunadamente no siempre todas las sociedades del planeta han podido dar el lugar que este hermoso ser se merece en el contexto de la creación, sobre todo en occidente donde el peso específico de las religiones judeocristianas las han marcado con una discriminación ancestral que realmente repugna. Cuando estudiando teología me leí todo el Antiguo Testamento –cosa que no han hecho muchos de los que se las tiran de muy cristianos – me sorprendió desagradablemente el tácito desprecio de la cultura judía por el papel de la mujer en su contexto.  En muchos de los textos de ese libro las damas de su sociedad son contadas como unas simples cosas más de las pertenecías de las tribus, y sumadas con los chivos, las tiendas y todas las pertenencias “objeto” de los machistas patriarcas de Israel.

Con la llegada del Nuevo Testamento no les fue mucho mejor a la mujer en el contexto de las naciones sometidas a las doctrinas cristianas, esencial porque Saulo de Tarso, alias San Pablo, que fue quien realmente se inventó todo el cuento del Jesús teológico, era un ser misógino, esto es un hombre que despreciaba profundamente a las mujeres, en las que veía, en su enferma mente, solo una encarnación muy real de su imaginario demonio. Es tal el nivel de discriminación de la teología cristiana y católica para con la mujer que, en una de sus famosas Epístolas, este romano converso dice que el destino del hombre en la vía de la iglesia es ver cara a cara la gloria de Dios, pero a la mujer solo les deja el premio de consolación de ver esa gloria en la cara de su marido. ¡Cretinos!  El hecho de que en la Iglesia católica, apostólica y romana la mujer aun no pueda ejercer el sacerdocio, es una prueba fehaciente de lo retardatario y anquilosado de ese concepto religioso en el plano del mundo moderno.

Con estas odiosas premisas teológicas, el feudalismo vio nacer el machismo en su más cruda expresión y no faltaron quienes, a la usanza de algunas religiones extremistas Orientales, quisieron hacer de las mujeres unas simples y llanas esclavas.  Desafortunadamente – a pesar de todos los barnices de modernidad que las sociedades occidentales se quieren dar – mucho de ese feudalismo machista persiste en nuestras sociedades modernas, y por eso ayer algún medio de comunicación al hablar del número de mujeres muertas en los últimos años en un país como Colombia, por ejemplo, decía que con respecto a la mujer no hay nada que celebrar…

El odioso derecho de pernada, execrable y detestable invento de la edad media y el feudalismo, sigue persistiendo de una manera perversa en la estructura administrativa y de empleo de algunos sectores de la sociedad colombiana, y ha querido hacer carrera entre ciertos empleadores machos el que, luego de los requisitos de rigor para acceder a un cargo, hay que dar “la pruebita de amor”, para llenar las demandas ideales de “enganche” para determinados patrones. Claro, en una sociedad machista, orientada y manejada por hombres, no hacer visibles estos hechos ha sido muy fácil, y uno solo ve por ahí el discurso formal, retorico, sin fondo, del respaldo a la mujer, pero que no se convierte en cosas concretas y tangibles.

Creo que no estaría completa esta reseña de la discriminación contra las damas entre nosotros si no dijera que la disposición legal según la cual un determinado número de los cargos públicos deben estar en cabeza de las mujeres colombianas es más un saludo a la bandera, y como en lo que tiene que ver con los cupos que les corresponde en las listas a los puestos de elección popular, estos se cubren a la ligera, a última hora y más como medida de “relleno”, lo que no deja de ser   decididamente indignante.

Pero afortunadamente ellas, la mujeres, son unas verracas, y a pesar de una sociedad machista conspira todos los días y a todas horas en su contra, se abren paso cada vez con más éxitos en muchas esferas de nuestra actividad social, en donde han demostrado, entre otras muchas cosas, que en contra de lo que muchos sectores masculinos han sostenido, son mucho más inteligentes y honradas que los hombres. Además de flores, las mujeres merecen reconocimiento, respeto y un lugar destacado en la dirección de nuestra sociedad.