Editorial

Editorial: ¿NIÑOS DROGADICTOS?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1aa wilfredoEste es un país en el que uno no deja de sorprenderse todos los días de las más inverosímiles y absurdas noticias y, la última, desconcertante hasta no más, da cuenta de cómo un niño en Bogotá murió en circunstancias extrañas luego de supuestamente haber, muto proprio u obligado, consumido sustancias alucinógenas. Como siempre las recriminaciones vienen de parte y parte y mientras por profesores dicen que los encargados de la vigilancia y formación de los niños son los padres, el rector y los institutores del centro donde ocurrió el lamentable hecho le sacan el cuerpo, descaradamente, a poner la cara.

Pero más allá del hecho coyuntural de esta muerte, triste y todo, está la evidencia de que mediante recursos de lo más miserables como regalar en un principio la droga a los menores hasta volverlos adictos, los traficantes de estas sustancias les están ganando la partida a las autoridades, a la sociedad y al mismo futuro nuestro. Si caen cuatro o cinco en una redada, los “jibaros” se multiplican por diez, veinte o cien, y ante el cansancio del policía que ve como luego de dar la pelea para hacer las capturas un juez cretino los deja en libertad con la más leguleya excusa, el más miserable criterio burocrática de unos profesores mediocres y unos dueños de colegios simplemente vulgares negociantes, nuestros niños, en serie, están cayendo en la drogadicción.

Por supuesto mucho habría que hablar de la responsabilidad de una estructura familiar en donde padre y madre se dedican a trabajar, “rumbear” y tirar en la quincena o al final de mes un poco de plata y comida – como si se tratara de almacenar purina para un poco de marranos – pero que no pudieron entender que la crianza va más allá de una reproducción fortuita y por accidente y de renegar porque le llegaron unas chinos que no querían. Pero eso no va a cambiar por más que todos los días nos desgañitemos haciendo gritos por la sensatez, porque la liviandad, lo deportivo y folclórico con que se concibe la vida dentro de esta modernidad desbaratada, no da para que nadie se tome en serio reflexiones de este tipo.

Peor aun lo que nos espera en la próxima generación, cuando ya las muchachitas a los 13 o 14 años están procreando, los muchachos a los 16 y 17 supuestamente son padres, y la rumba, el cigarrillo, el trago, el éxtasis más el bazuco y similares, son el condimento diario de una existencia acelerada. Y estamos hablando de un modus de vida diario en esta supuestamente muy importante patria nuestra, donde los peladitos en los colegios privados o en las escuelas públicas son prácticamente obligados a entrar en la miserable onda de la adicción.

Y no esperemos resultados de las supuestas exhaustivas investigaciones que han prometido las autoridades nacionales, porque eso es carreta vieja. Aquí no pasa nada y es precisamente a esa inacción y permisividad del aparato estatal que justamente los traficantes organizados, grandes y pequeños, tienen cada día más fuerza, actúan permanentemente con más desfachatez y cinismo, sabiendo, de antemano, que tienen todas las de ganar. Isaac Santiago Sánchez, de 14 años, será otra ser más por el que nos lamentaremos y lloraremos mientras la “escandola” pasa, y vengan más y más muerte por los que haremos en su momento mucha alharaca. Alharaca que no servirá para que algo cambie en este tropical, cretino y politiquero país del Sagrado Corazón de Jesús.