Editorial

Editorial: NO SE DEBE ENVENENAR EL AMBIENTE ELECTORAL COLOMBIANO…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra 2Todo está listo para la gran jornada electoral colombiana del próximo domingo y a ojo de buen observador están realmente dadas todas las condiciones para que la transparencia del proceso no deba ser puesto, bajo ningún circunstancias, en duda. Amplios sectores de la opinión pública colombiana pueden tener muchas diferencias con el actual gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, pero lo que no se puede pretender es que este sea un gobierno, que como la tropical y desconcertante Venezuela, está montado sobre el fraude electoral. Eso es ya ser demasiado ruin, y no resulta bien que con el ambiente público nacional, de por si cargado con muchas dificultades económicas y sociales, se pretende imputar una afrenta de ilegitimidad electoral que solo cabe en mentes calenturientas.

Aunque tengo diferencial conceptuales con la mayoría de agrupaciones políticas del país, soy respetuoso de sus creencias y criterios, porque eso hace parte de la democracia, de la verdadera democracia, en donde el respeto a los criterios y pensamientos de los demás en la  piedra fundamental de la convivencia ciudadana,  y en donde igualmente hay que saber que en una confrontación electoral, se puede ganar pero igualmente se puede perder.

Pero envenenar desde antes de empezar las elecciones el panorama con la premisa irresponsable de que si perdemos es porque nos hicieron trampa, además de ridículo es infantil, y no corresponde a una forma sana y decente de entender el juego democrático entre adultos.  Puede ser que nuestras tropicales democracias tengan muchos defectos como en efecto lo tiene, pero de ahí  a comparar a Colombia con un dictadura como la de Venezuela, donde el verdugo desde entes y prevalido de un ejército que es un aliado político incondicional del castro –chavismo amarra los resultados de las urnas, hay un diferencia que no se puede obviar tan fácilmente.

Posiblemente una de las cosas que más hermanan a las extremas, tanto de izquierda como de derecha, es que nunca están dispuestas a respetar el dictamen de los procesos democráticos, y quieren a la brava, fusilando, reducir a sus contradictores a la más mínima infección. Con todo y que, repito, nuestra estructura político social tiene fallas protuberantes no es, bajo ninguna circunstancia,  una dictadura, y un muy flaco servicio se le hace a la nación vendiendo insinuaciones poco sanas.

Salgamos a votar si lo queremos hacer – porque aquí no está consagrado el voto obligatoria y no se puede ponerle un revolver en la cabeza a todo el mundo para llevarlo a la mesa de elecciones- y esperemos en las horas de la noche los resultado de éstas elecciones en las  que, muy seguramente, no se saldara definitivamente la discusión por el primer cargo de la nación. Pero hagámoslo el paz, tranquilamente y sin envenenar más los ánimos,  de por sí ya demasiados caldeados por una campaña llena de muchos sobresaltos.