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Editorial: ¿NOS INVITAN A LA PAZ DE LOS SEPULCROS?

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Desde estas líneas hemos repetido incansablemente y hoy queremos reiterarlo de nuevo, que nadie que sea mentalmente cuerdo puede dejar de desear que la paz fuera una constante en este maltratado suelo colombiano, pero esos profundos anhelos deben estar sustentados en hechos ciertos, tangibles, honrados, y no solamente en cuentos románticos sobre una reconciliación que deja por fuera el respeto a la dignidad y la vida de todos y cada uno de los colombianos que hemos visto como, desde diferentes frentes, ese respeto no ha estado para nada presente.

Y esos cuentos románticos son aún menos crédulos cuando de por medio está las FARC, que a lo largo de la reciente historia colombiana ha dado muestras de engañar, una y otra vez, a gobiernos y a la opinión pública nacional, con promesas de reconciliación que solo han terminado en una habilidosa estrategia para fortalecerse militarmente, para volver luego a sus andadas con aun más sevicia y crueldad que antes. Esa constante se ha reiterado ahora frente a su cuento reforzado de la tregua unilateral, que como siempre no ha sido más que una acción miserable para, luego de buscar que las fuerzas armadas tomen confianza, acribillarlos miserablemente como lo hicieron recientemente.

Pero además ese minúsculo grupo de bandidos que tiene engrupido al Presidente de la Republica nos cree al resto de los colombianos majaderos, tontos, bobos y bien imbéciles, como para creernos el cuento de que el culpable de esa masacre infeliz es el estado colombiano. Con ellos todo es así, a través de sofismas, discursos anacrónicos, estupideces seudo revolucionarias mandadas a recoger, e intentando decir que los hechos son de una forma cuando la gran inmensamente masa de las gentes de nuestra nación saben que es de otra.

El gran acto de solidaridad, espontaneo y caluroso, multitudinario, de todos los sectores populares frente a los soldados sacrificados en tan monstruosa acción, les está demostrando a la guerrilla, pero también al gobierno, que la gente está cansada de esa pantomima de discursos y promesas que no se concretan en hechos ciertos. ¿A cuál paz creen que nos están convocando? ¿A la paz de los sepulcros, esos que por centenares, miles, nos han hecho abrir a lo largo de los últimos años con el cuento mentiroso que están sembrando una hipotética y absurda revolución? Pero también al Presidente Santos la rechifla reciente en un escenario lleno de militares activos y de la reserva, le está diciendo que ya no nos dice nada su cuento de pacifista hipotético, y que nosotros lo elegimos para que haga respetar la Constitución y la Ley, y no precisamente para ponerse del lado de los bandidos que la violan a cada instante.

Obsesión gubernamental que nos quiere hacer olvidar que mientras tanto, por los lados, como quien no quiere la cosa, el estado con sus aliados en el parlamento colombiano nos aplica más impuestos, nuevas leyes restrictivas y confiscatorias, más condiciones para que el gran inmenso número de nacionales se paupericen, haciendo más odiosa la distancia entre los que no tienen nada y las reducidas familias y capitales que disfrutan de las mieles del gran capital y el poder.  Una forma muy habilidosa de mostrar una generosidad social que no es cierta, y que solo busca sostener, absurdamente, una estrategia publicitaria del gobierno, estrategia que realmente hace rato dejo de ser atractiva.

Esperemos a ver que sigue en este drama. Ya el señor Fiscal General de la Nación, correveidile de los intereses del gobierno, ha dicho que no es necesario el refrendo para legalizar los acuerdos de la Habana como lo prometieron desde el principio de este proceso. Mentiros, tramposos, acomodadores de los hechos de acuerdo con sus conveniencias. Y ese es el señor que disque tiene la responsabilidad de hacer cumplir la ley en esta nación. ¿Con esos amigos y detalles, que esperanza nos queda?