Editorial

Editorial: ¿NOS SALVAMOS ESTA VEZ?

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Desde hace varios meses y años desde estas columnas, con paciencia benedictina, hemos insistido una y otra vez sobre las terribles condiciones de riesgo geológico sobre la que está montada la región de Santander en general, y del Área Metropolitana de Bucaramanga en particular, atravesada por cinco fuertes fallas geológicas, tres de ellas de una dimensión impresionantes, y como frente a estos incuestionables hechos la preparación de nuestro departamento y ciudades ante el fenómeno  inminente de un terremoto devastador haya sido prácticamente nula.

Ayer, en el lenguaje de la naturaleza, tuvimos un fuerte campanazo de alerta sobre lo que nos puede venir pierna arriba en el inmediato futuro en materia de movimientos telúricos, porque aunque efectivamente se presentaron daños y destrucción de viviendas y edificios en todo el departamento de Santander con el fuerte movimiento, que técnicamente llego al nivel de  terremoto, como que su altura en la sismicidad fue del 6.6, -la que destruyo a Armenia fue del 6.2-, solo factores técnicos y coyunturales determinados por la profundidad del epicentro, permitieron que hoy no estemos viviendo una desgracia de magnitudes impresionantes.

Pero siendo meridianamente sinceros, el lenguaje manipulado como hasta ahora se ha querido manejar la información de lo que ayer sucedió, solo demuestra que a la opinión pública en general de nuestro entorno no se le quiere dejar saber cuáles son los reales efectos de haber construido nuestras ciudades sobre semejante suelo tan inestable, y que campañas serias de preparación para un terremoto de dimensiones fatales en términos de posible gran afectación en edificaciones y vidas no se va a dar en el inmediato futuro.

¿Las razones de ello? Sencillamente porque el departamento de Santander y el Área Metropolitana de Bucaramanga está viviendo una verdadera orgia inversionista, en donde capitales propios y extraños se dedican a construir y construir grandes moles de cemento con la ilusión de hacer ésta la gran ciudad colombiana del futuro.  ¿Pero qué pasaría si muchos de esos afanados capitalistas supieran que están construyendo sus paraísos económicos imaginados sobre pisos que, como los coluviones de la vía a Barrancabermeja, son arena movediza?

Desde ya hace algunos meses ciertos sectores de los gremios de la ciudad les dio por canalizar a los comunicadores de la región hacia algo que ellos denominan “periodismo positivo”, que en la práctica significa ser sumiso a los intereses simplemente económicos de los grandes capitales de la ciudad y el departamento, sin importar que esa mentalidad desesperantemente financiera sacrifique hechos que van en contravía de los intereses generales de una sociedad.  Es decir, si la verdad se esconde en favor de un interés empresarial, eso no importa.  Lo que no deja de ser inmoral, sucio, manipulador, y contraria a una verdadera ética de la condición de informador y periodista.

Me agrada y me satisface la orgia financiera e inversionista que estamos viviendo en esta parte del país, ¡pero ojo!, no vaya y sea que un día de estos el suelo sobre el que está montado este paraíso artificial nos juegue una mala pasada y todo ese bello panorama se nos caiga como un simple castillo de naipes.  Con la consecuente pérdida de miles de cientos de vidas con las que no se puede jugar como si fueran simplemente números en un frio balance de inversión. Mientras tantos los dueños de las “verdades informativas” de Santander que sigan manejando de manera trivial lo grave y terrible que nos sucedió ayer, y que ojala lo bien que nos fue esta vez nos sirva para que cuando llegue el sacudón definitivo, no nos coja con los calzones abajo.