Editorial

Editorial: OTRA MISERABLE MASACRE…

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wilfredo sierra mPor Wilfredo Sierra Moreno.

Mientras el gobierno nacional nos agobia con expresiones de entusiasmo por lo que nos dice será el preludio para la llegada a esta nación de una época en la que correrán ríos de miel y leche,  siguen siendo asesinados vilmente un numero interminable de hombres y mujeres de las fuerzas armadas nacionales, hombres y mujeres que pareciera no tiene dolientes en los filósofos de la Colombia idílica que en el papel nos van a construir.

Ésta acción monstruosa de la guerrilla tiene unas implicaciones nuevas que son una muestra de lo que verdaderamente va a pasar si es que la tal paz  con la subversión se llegara a firmar: la acción criminal fue realizada por la subversión en alianza con el grupo criminal de Los Urabeños, lo que demuestra una vez más que la acción de las FARC no es exclusivamente ideológico como siempre nos han querido hacer creer. Pero además señala que no hay una unidad de mando en el manejo de los diferentes frentes y facciones de la guerrilla, lo que en la práctica implica que cualquier acuerdo firmado por el Secretariado de las FARC que hacen presencia frecuente en La Habana no va a ser acogido por toda la membresía de la organización guerrillera.

La integración de algunos frentes o facciones guerrilleras con las BACRIN es de vieja data conocido y, por supuesto la unidad de acción en torno a la siembra, producción, recolección y comercialización del narcotráfico, también lo es. Todo lo cual indica que la posible firma de un acuerdo en La Habana entre el Secretariado de la FARC y el gobierno nacional será, en la práctica, solo un saludo a la bandera, que puede ser usado publicitariamente todo lo que se quiera, pero que no será nunca, dígase lo que se diga, una posibilidad real de paz en la nación.

Pero aún más triste resulta que los policías y soldados de Colombia sigan siendo sacrificados de manera miserable, sin que al establecimiento nacional le parezca que esos hechos son más que suficientes para parar unos diálogos en los que hay mucha retórica, demasiada literatura hiperbólica, pero nada concreto que pueda hacernos sentir que realmente caminamos en la dirección correcta en esto de consolidar caminos de paz. Y claro, la raíz objetiva de todo esto es que el Estado Colombiano ciertamente no tiene los mecanismos idóneos para garantizar la autoridad de la Ley en todos y cada uno de los kilómetros de la geografía nacional, y sus bravuconadas legalistas no pueden ser respaldadas en la práctica por la acción de una autoridad cierta y respetable.

Desafortunadamente las limitaciones de nuestro pomposamente denominado Estado de Derecho son tantas que por entre ellas se filtran, todos los días y a todas horas, violaciones fragrantes y crueles de una convivencia realmente normal de una sociedad estable, porque en la práctica no existe quien haga cumplir lo de qué manera tan bonita de dice en la Constitución Nacional. ¿Esquizofrenia gubernamental podrían decir los psicólogos sociales? Y lo peor de todo en este mundo inestable e inmaduro las vidas humanas se pierden como si fueran moneda falsa, sencillamente porque ni la guerrilla y la delincuencia respetan esas vidas, ni el estado está en la capacidad real de hacerlas respetar  como es en la teoría su deber. Así que lo que parece cierto es que estamos bien pero bien  jodidos…