Editorial

Editorial: PAMPLONA, ¿NUESTRA CIUDAD HERMANA?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mCuando yo escucho hablar a algunos tecnócratas de la integración regional entre departamentos hermanos, a mí me da mucha risa, porque fuera de esos discursos en reuniones donde se trata de vender a la prensa y la opinión publica una imagen de desarrollo acelerado de las cosas públicas, la verdad es que los procesos de unión entre regiones  no se ven por ninguna parte, y todos vivimos en islas cerradas, como si se tratara de gentes y mundos diferentes.

Pamplona es, por ejemplo, una ciudad que queda a solo un par de horas de Bucaramanga, y fuera de la conexión que se da por los estudiantes de las universidades de esa linda localidad que viven aquí o vienen a visitarnos los fines de semana, la fraternidad, que debería ser fuerte entre las dos ciudades, es casi nula. Empezando porque la vía que nos une es definitivamente de las peores que puedan existir en el país, y hay que hacer rogativas permanentemente para que haya paso entre los dos destinos, debido a los permanentes derrumbes que se presentan en la carretera.

Claro, desde hace años nos vienen hablando bellezas de una vía de doble calzada que uniría a Bucaramanga no solo con Pamplona sino con Cúcuta, pero como el enamorador mentiroso, de eso nada de nada. Pero es que aquí, ¿quién es el doliente de esa adecuada interconexión? La verdad es que fuera de los escarceos esporádicos de los tecnócratas en las reuniones burocráticas que de tiempo en tiempo se dan, el tema es poco tratado, y nuestra preocupación por la ciudad y las gentes de Pamplona es poca o casi nula.

Ahora nuevamente, en esa avalancha de promesas con que nos abruma el gobierno nacional, se ha vuelto a hablar de la terminación de la carretera –dicen que en doble calzada- a Pamplona, y quieran los Dioses del Olimpo que tales ofertas tengan concreción en el tiempo y en el espacio. Porque que nos acordemos, hace 12 años, al comienzo de la administración de Álvaro Uribe Vélez, nos juraron que tendríamos una autopista de las mejores condiciones en doble calzada hasta Cúcuta, pero como diría el negro Gaitán y repitiera el socialista de Serpa, mamola. Aquí estamos viendo un avispero, porque a pesar de que con esa que supuestamente  iba a ser una de las mejores construcciones viales del mundo se ha hecho muchos discurso, se tomó mucho whisky y se comió muy rico en el Club del Comercio, ni el santo ni el milagro aparecieron por ninguna parte.

Ahora el beato del Santos que muchos dicen que va a terminar si no con el nobel de la paz por lo menos si canonizado por el Vaticano, manifiesta  que nos va a hacer el milagrito del tramo Bucaramanga – Pamplona. Ojala así sea. Y que los que hablan de la integración entre las regiones del país empiecen por hacerla con la muy querida e hidalga ciudad de Pamplona, que nos queda muy cerca. Obras son amores, señores…