Editorial

Editorial: PASIONES Y DESGRACIAS.

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wilfredo sierra 2Por Wilfredo Sierra Moreno.

Cuando muchas veces he afirmado que no creo mucho en ultimas en la racionalidad de los seres humanos, muchos amigos sensibleros me han protestado enérgicamente, tildándome de desconocer a la  más grande de las creaciones del universo, el hombre. Pero lo de “grande” me parece que resulta desdibujado bastante cuando uno mira en la historia de la humanidad todo el monton de barbaridades que este supuesto gran ser de la tierra a producido, entre ellas guerras, asesinatos, violaciones, cercenamiento de los miembros de otros de sus congéneres, secuestros y la ya casi generalización del consumo de alucinógenos en todo el planeta, como si meter droga fuera la gran cosa que un hombre o mujer puede hacer sobre este pedazo de tierra dando vueltas en el espacio.

Ahora, cuando estamos en el campeonato mundial de fútbol y el equipo colombiano esta después de 16 años participando otra vez en él, resulta que para un buen sector de los nacionales –que no todos ni la mayoría afortunadamente – ver el partido en medio de trago y en aglomeraciones que parecen la conjunción de pasiones desbordadas, les parece lo más “racional”. Para luego salir a causar estragos en las inmediaciones y cogerse a trompadas o a cuchilladas y aun llegar  al crimen de unos contra  otros,  porque se gana o porque se pierde,  comportamiento este que no  me parece, precisamente,  la expresión más inteligente, ecuánime, cuerda, racional y lógica de una criatura que  se precia, vanidosamente, de ser la máxima creación de la naturaleza.

No soy precisamente un mojigato ni quiero rasgarme las vestiduras con presunciones de supuestas y estúpidas santidades,  pero lo que si no resulta entendible es que este tipo de eventos y ocasiones que justamente deberían servir para mostrar un orgullo sano y una fraternidad entre nacionales, sea precisamente cuando las autoridades del país se tienen que declarar en máxima alerta, porque ya  los alcaldes, gobernadores y el mismo gobierno nacional saben lo que nos viene pierna arriba.

Casi siempre los formadores en escuelas, colegios y universidades tenían la máxima de que el deporte era la mejor manera de formar la personalidad e impulsar el crecimiento individual, por aquello de “mente sana en cuerpo sano”. Pero parece que en lo que respecta al fútbol, sobre todo a nivel no profesional – ya que nadie podría desconocer la calidad humana y de disciplina  de la mayoría de nuestros jugadores de la selección Colombia- estas premisas no se cumplen precisamente.  No es sino ir a las canchas de los barrios populares en donde después de los diferentes partidos de las variadas  categorías de amateur, las canastas de cerveza ruedan generosamente como si el encuentro o el “picadito” no fuera más que una excusa para el beber.

¿No es acaso la disposición “adecuada” de importantes locales público un gancho para vender grandes cantidades de licor, que son la causa de los desmanes y la violencia que viene después?  Pero en fin, no hablemos con elementos lógicos frente a eventos que no tienen mucho de eso  en sus desarrollos colaterales, ni son la expresión más alta de racionalidad.  Solo restaría entonces pedirle, no sé a quién –si a Dios o al diablo- que cualesquiera que sean los resultados de los partidos de nuestra selección, buenos o malos, se gane o se pierda, los contusos, golpeados, heridos, apuñalados y muertos no sean muchos, y que a la pobre policía que siempre la ponen de” paganini” cuando no se tiene la voluntad política para tomar determinaciones más drásticas, no le vaya tan mal controlando a esa porción de mis buenos conciudadanos que literalmente se enloquecen cuando de ver jugar a nuestra selección se trata. ¡Que lo Dioses del Olimpo nos protejan, ya que realmente nadie más pareciera que puede hacerlo!