Editorial

Editorial: PERIODISMO CONTRA LAS MUJERES…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.    

WILFREDO SIERRA MORENOCon toda una vida en el ejercicio de esta profesión –más de 45 años – no puedo dejar de amar este oficio y reconocer la virtudes de muchos medios y muchos colegas que han contribuido con las luchas democráticas que han mejorado la convivencia en un mundo en el que todavía hay demasiadas  cosas por corregir.  Pero no estando lejos de una práctica constante de la autocrítica, nunca dejare de rechazar esos lunares, ese tratamiento sutil y malintencionado de la información que, por ejemplo, en contra de la mujer se practica día a día con una saña ciertamente morbosa.

Les iré a parecer decididamente quisquilloso, pero el tratamiento de los primeros signos de escases en la argentina referidos a la decidida ausencia de tampones en ese país, me pareció de mala leche. Y seguramente al autor de la nota, esa connotación de segunda intención con las partes íntimas de la mujer le pudo parecer el aliciente para orientar por ahí su noticia, pero no por ser un recurso manido de periodistas y medios machistas, deja de ser fastidioso y de mostrar esa parte segregacionista contra las mujeres que, siempre quiere ser utilizada – infamemente – como objeto sexual.  Pero además al muy “brillante” y supuestamente muy testiculado colega le dio por presentar como referencia central de su nota unas declaraciones de doble intención del Secretario de Comercio Interior de la Argentina, Augusto Costa, que al ser interrogado sobre la escasas en la nación austral respondió: “Hay productos en las góndolas y en las farmacias. Lo pasó es que este producto – los tampones- sufrió una corrida en las últimas semanas”.

Y así entre funcionarios bocones, periodistas lascivos y una opinión pública que se hace la loca con lo que supuestamente es una acción mundial por el rescate de la dignidad de la mujer, no la vamos pasando, sin que tanta declaración hipócrita de gobiernos y medios de comunicación en favor la mujer, tenga ciertamente correspondencia con los hechos. No deja de ser sintomáticamente curioso que en esa histeria colectiva por lo “rojo”, a los espectadores – pero sobre todo a los productores de la transmisión del reinado universal de la belleza- les haya parecido la mejor escena del evento una imagen traslucida de la nueva miss universo en donde parecía –solo parecía –  estar desnuda…

Claro, esto en medios vende… Como vende la crónica roja. Lo que está claramente demostrado en nuestro contorno regional, cuando ha sido justamente un tabloide lleno todos los días de sangre quien ha sacada de aprietos económicas a una gran casa editorial. Lo que no quiere decir que lo que más venda sea lo mejor y más recomendable para “educar” a una juventud de la cual después nos quejamos por ser tan libertina y violenta. Y aclaro, no soy un mojigato ni nada que se le parezca. No hablo de moral sino de ética. Ética periodística, informativa, de sindéresis en orientar la presentación de la crónica, la noticia o el informe televisivo.

Así por ejemplo, en lo privado y para mayores, creo natural el consumo de las películas “rojas”.  Pero jamás recurriría al expediente pueril, tan utilizado en los ahora noveles portales virtuales, de publicar fotos de mujeres desnudas o en tangas como señuelo para atraer hipotéticos lectores. Eso me parece vulgar y antiprofesional. Si lo que alguien quiere tener es un sitio porno, pues móntelo y ya. Porque como decía mi enredada abuelita: “una cosa es una cosa y otra cosa en otras cosa”. Y la queja no es un referente solo regional. La nota que origina este editorial hace reseña a sucesos de acontecidos en la Argentina y escritos en el diario El Tiempo de la Capital de la República. Pero además todos sabemos lo que es la violación de los derechos de la intimidad por los Paparazis en todo el mundo, y como éstos subsisten y se multiplican porque los grandes medios sensacionalistas pagan muy pero muy bien su trabajo. Y los medios pagan porque sus lectores se devoran con morbosidad insaciable esas fotos, entre más íntimas, mejor.

Pareciera que gastar energías en estas materias fuera pérdida de tiempo. Sobre todo en la nueva era del internet donde a muchos ancianos periodistas del mundo entero les fascina mostrar en Facebook sus 60, 70 y 80 años, acompañados de jovencitas de 18 y hasta menos años, como todo un trofeo y exaltación de su supuesto machismo y virilidad.  Y después los oye uno predicando en sus medios sobre dignidad, ética, moral, dignificación de la mujer y respeto a los valores de las jovencitas y, en fin, todo un mundo de “chachara” sin sustento. Como expresa ese libro que dicen ser sagrado: “Fariseos hipócritas, blancos y resplandecientes por fuera, pero por dentro llenos de podredumbre de muerte”.