Editorial

Editorial: PETRO RESUCITADO Y AMENAZADA LA TUTELA.

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wilfredo sierra 2Que éste es el país del surrealismo mágico lo demuestra una vez más la nueva escena de la telenovela “Petro y Bogotá”, que no solo en sancionado, destituido, protegido transitoriamente, vuelto a destituir y ahora resucitado para -¿quién sabe? – mañana o pasado mañana volver a ser enviado al asfalto por otro miembro de la rama judicial que, en su particular interpretación de la Constitución y los Códigos, vuelva y le de otra voltereta al caso puesto en su consideración, por encima de los anteriores criterios de otros jurisconsultos.

Pero es que, en primer lugar, el derecho es la más subjetiva de las disciplinas humanas, y la sentencia o salvamento de un ser humano depende del estado de ánimo o las piedras transitorias de cada  juez en particular y, por otro lado, las consideraciones doctrinales en jurisprudencia dependen muy seriamente de presiones particulares de los poderes políticos del momento.  Aquí ciencia, lo que se llama ciencia no hay, y por el mismo delito y hasta por el mismo juez, un hombre puede ser  hoy condenado y mañana otro puesto en libertad. Luego es verdad no defendida muy públicamente que la justicia, como la historia, la escriben y la hacen quienes están en el poder.

Lo que realmente es desconcertante es como el señor Juan Manuel Santos aprovecha la coyuntura de todo este vaivén jurídico con Petro para hacer una arremetida de fondo y preocupante contra la Tutela, esa herramienta realmente democrática que nos dejó la Reforma Constitucional de 1991, y que más o menos le permite a los sectores populares y marginados, conseguir justicia. En el fondo no es muy diferente a la actitud clásica del Uribismo: si no nos gusta ni nos conviene un precepto Constitucional, o una Ley, o una norma,  sencillamente usamos el poder político del Congreso para transformarlo a nuestro acomodo.

El señor Petro no es para nada el santo de nuestra devoción, pero uno no puede -como en el caso del fallo sobre la disputa de las aguas territoriales con Nicaragua – poner sus disputas en las manos de los tribunales y los  jueces – aun cuando  cambian tanto de criterio como de vestido – quienes están instituidos desde cuando el derecho se estableció en el mundo para resolver civilizadamente pleitos entra  partes, para luego, si los fallos no me son favorables, decir que no los reconozco o que, cambio la Ley. Por ese camino estamos llegando, rápidamente, a la ley de la selva.

Pero aún más perverso es aprovechar una coyuntura particular para atacar un derecho general como la Tutela, en un acto de arrogancia que deja entrever que el ejecutivo sabe que la división tripartita de los poderes, con los teóricos equilibrios de poderes, no es tan cierta, y que el Presidente, como el Príncipe de épocas de terrible recordación, era juez y parte de su imperio. Estamos pues advertidos, y los defensores por principio de la Tutela dispuestos a enfrentar esta nueva intento de minar los derecho y garantías de los ciudadanos de a pie.