Editorial

Editorial: ¿POR QUÉ UTILIZO TRANSPORTE PIRATA?

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mMi “aberración” en cuanto a la utilización de transporte en esta linda ciudad de Bucaramanga comenzó un día en que luego de 20 minutos de esperar ese que dicen que es el mejor transporte articulado del mundo y teniendo la urgencia de llegar a la oficina, un muy elegante carro se paró delante de mío y me prometió llevarme a mi destino por $ 2.000. Me toco el puesto delantero, el viaje fue muy placido, pero sobre todo llegue agradablemente rápido a mi destino, sin tenerme que aguantarme las empujadas e incomodidades de un número sorprendente de personas apretujadas como sardina en lata en uno de esos articulados de Metrolínea.

No sé a qué castigo humano o divino me hago merecedor por esta que desde entonces se volvió un hábito de transporte diario, pero lo que si no puede ser cierto que es que los arrogantes dueños de la empresa de transporte masivo nos tengan que someter, porque sí, a que utilicemos un servicio -¿servicio?- que es desesperantemente malo, no ofrece garantías ni seguridad -así otra cosa se desgañite diciendo la señora soberbia que maneja esa empresa- y en donde los conductores de los articulados ya son tan rústicos en el manejo de sus vehículos como cuando en viejas épocas teníamos que estar sometidos a la tenebrosa guerra del centavo.

Yo, en lugar de desgastarme todos los días en arremetidas contra carros y motos que sin licencia desempeñan la función de transporte público, me dedicaría a hacer eficiente, agradable y rápido el cubrimiento del servicio de transporte masivo, porque lo bueno por si solo atrae al consumidor, y si no que le pregunten a los dueños de las grandes empresas de marca y megatiendas que si saben de lo que es atender de manera eficiente y placentera al público.

Pero además resulta increíble cómo no solo las pandillitas de muchachos díscolos, sino un buen número de gentes supuestamente “bien” entran sin pagar al sistema, con el elemental método  de girar en dirección inversa la barra de la registradora, sin que exista ninguna vigilancia para tratar de frenar este desangre de obviar el pago del transporte. ¡No nos crean tan pendejos! ¿Qué esto es eficiencia, dinamismos y capacidad de gerencia para sacar adelante una empresa que tiene muchos problemas de funcionamientos y financieros?  Claro, la señora Gerente es una burócrata más de los muchos que han pasado por la gerencia de Metrolínea, se gana una millonada de sueldo y un día de estos se larga de su chanfaina sin que pase nada, porque al fin y al cabo no es ni su negocio personal ni de por medio está su dinero…  Y si el sistema de transporte masivo sigue igual o peor de jodido, ese es el problema de la ciudad y no el de ella.

Mientras tanto yo sigo utilizando el servicio de una motociclista femenina que se ha vuelto – por 2.000 pesos a cualquier parte – en mi conductora personal, y que tiene un cinturita divina que me hace sentir placenteras emociones mientras me desplazo  de un lugar a otro. ¿Ustedes creen que la voy a cambiar por esperar, 15, 20 o 30 minutos un articulado frio y manejado por un conductor malhumorado, que lleva en su interior racimos de gentes empujándose de mala gana unos a otros? ¡Ni de fundas! Y que con el Código Penal en la mano me digan que delito estoy cometiendo.

Miren, y lo digo por experiencia propia,  fuera de los lugares en que se reúnen, de cuando en cuando,  para hacer operativos, en  cualquier recorrido a lo largo y ancho de la ciudad no se consigue  un solo alférez de transito ni para un remedio.  Porque es que la tal campaña para combatir el transporte informal no tiene ni fundamento, ni coordinación, ni el deseo de buscar soluciones reales para la movilidad en ciudad, y solo es la alharaca tropical de quienes hacen mucho ruido para que todo siga absolutamente igual que siempre. Macondo en toda su extensión.