Editorial

Editorial: ¡QUÉ BIEN SEÑORES ALCALDES!

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wilfredo sierra 2Por Wilfredo Sierra Moreno.  

Definitivamente hay que felicitar a los señores alcaldes del área metropolitana de Bucaramanga encabezados por Luis Francisco Bohórquez por la determinación de establecer para mañana sábado la ley seca con motivo del nuevo partido de la selección Colombia, porque por encima de consideraciones mercantilistas, lo que corresponde a los gobernantes, nacionales, departamentales o nacionales, es preservar la vida y la honra de sus ciudadanos. Esto es tanto más urgente en la medida en que la situación de seguridad en el país en general se ha desmejorado y todos los días hombres y mujeres de bien se ven asaltado en su tranquilo transcurrir de existencia.

Y es que ya va siendo la hora de que la opinión pública nacional y santandereana identifique precisamente a quienes con posiciones oportunistas sacrifican el bienestar común por unas pírricas ganancias, y más allá de su pose exterior de gentes de bien,  son aliados de ese estado cantinero y prostituido que cree indignamente que todo vale por la plata, incluida la dignidad, el decoro, la decencia, la tranquilidad del ciudadano de a pie, la misma vida de los agentes de la policía, que frente a la guachafita de los desadaptados y consumidores de vicio,  exponen su  vida.

Y que bien está que los gobernantes locales comiencen a oír la voz de la opinión pública en general, que se encuentra ciertamente muy cansada del atropello de unas elites peripatéticas que en nombre de una presumible y arrogante condición de sangre, creen que pueden imponer su capricho siempre y a todas hora, porque según ellos la verdad y el poder está en sus exclusivas manos.  Qué bueno que ahora que estamos hablando de procesos supuestamente serios de paz y de reconciliación nacional, la sociedad civil comience a dejar oír su queja contra esa clase de niños ricos imponentes que les importa un carajo la verdadera democracia.

Porque el desarrollo de una verdadera paz no se reduce exclusivamente a que los grupos insurgentes entreguen sus armas y dejen de secuestrar y traficar, sino a que las instancias del poder escuchen verdaderamente las quejas y dificultades del hombre común y corriente, que no está de acuerdo con esas mafias de traficantes de trago, vicio y mujeres, que son el caldo de cultivo en la que se nutre y engorda la delincuencia en general. Sí, eso da plata, ¿pero acaso todo lo que da plata, así sea nocivo e ilegal, tiene que ser validada por toda la sociedad?  Aquí los valores éticos de algunas elites entran en una crisis profunda, y nos hace recordar los viejos dichos de nuestras ancestrales mayores: definitivamente no todo lo que brilla es oro.