Editorial

Editorial: ¡¿QUÉ PASA CON LA SEGURIDAD EN BUCARAMANGA?!

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileSin desconocer que la delincuencia es un fenómeno generalizado en todo el país, preocupa sobre manera la forma como las acciones de los criminales se han incrementado en Bucaramanga y su área metropolitana, donde el fleteo, por ejemplo, hace su agosto, con una frecuencia que no deja de intimidar a quienes consideraban entes a la ciudad de los parques  como un lugar seguro. Hoy como sucedía hace algunos años, no se puede caminar tranquilo por ninguna parte de nuestros municipios cercanos, sin tener la preocupación de estar mirando para un lado y otro, en prevención de la aparición inesperada de un caco.

El fenómeno está caracterizado por un hecho particular y es que en la mayoría de los casos los protagonistas de las acciones delincuenciales son verdaderos jóvenes, casi niños, que con una frialdad desconcertante son capaces de disparar sus armas o introducir sus cuchillos, sin que un solo nervio de su cara se mueva. Pero además, cuando los pillos son capturados, los juzgados repletos de expedientes de mil y un procesado y las cárceles llenas hasta los techos de internos, hacen que de la captura al juzgamiento no se siga un procedimiento expedito y, el hampón queda rápidamente en la calle, con el agravante que va a buscar a quien tuvo la osadía de denunciarlo, para darle muerte.

No es fácil decir que la injusticia y la desprotección reinan entre nosotros, pero la evidencia de los hechos así lo demuestra, con preocupación y angustia de quienes, además del incremento poblacional de la ciudad y la multiplicación de empresas generando empleo, quisiéramos que la tranquilidad y la paz fueran un buen condimento para poder disfrutar de los logros materiales. Desafortunadamente no siempre la responsabilidad está totalmente del lado de la policía nacional, que cumple con la acción funcional de perseguir y capturar al infractor, pero que ve como en las argucias legalistas de los abogados y en los tramites burocráticos de los juzgados, se pierde la acción inmediata de captura, generando un desaliento que no es fácil de explicar para quienes no están todos los días exponiendo su pellejo en defensa del interés común.

Tampoco la acción ciudadana de informar oportunamente de movimiento sospechosos en el centro o en los barrios de la ciudad se da espontáneamente, y pareciera que en nuestra ciudad empezamos a vivir bajo el estigma del miedo, frente al accionar de bandas e individuos indeseables que parecieran inmunes, en la práctica, frente a la acción estatal. Grave, porque no siempre el esfuerzo administrativo local, departamental y nacional para mejorar en esquema de infraestructura de nuestro entorno, se puede traducir en satisfacción general de los logros materiales. Y cuando no hay seguridad personal y colectiva, el contexto, aunque sea el mejor, no se ve muy brillante.