Editorial

Editorial: ¡QUE VERGÜENZA!

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mEncontrarnos entro uno de los departamentos que tiene algunos de los municipios con el mayor registro de trasteo de votos no es precisamente un orgullo para nuestro departamento y habla mal, pero muy mal, de eso que pomposamente el discurso oficial llama “nuestra ejempla democracia”, pero que de ejemplar no tiene precisamente un carajo. Y sin caer, desde luego, en el viejo estribillo anarquista de “cambiamos papeletas por metralletas”, si hay que decir que muchos factores han contribuido, paulatina pero definitivamente, para que la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda aspirar –como la teoría lo dice- a un cargo de elección popular, sea sencillamente un cuento chino.

Y entre esos factores tal vez el que más ha incidido a que el círculo de los elegibles sea cada vez menor es el del dinero: una candidatura a la gobernación, cualquier alcaldía del departamento, una diputación o un pinche concejo municipal vale miles de millones de pesos, moneditas que no están precisamente a la disposición de cualquier despistado paisano, y que hacen que eso de la “democracia ejemplar” sea una expresión más del cinismo verbal con que ciertas elites políticas se pavonean entre nosotros. A más de que este país, con  sus departamentos y municipios, se convirtió  en una vergonzosa monarquía, no precisamente de sangre azul -¡ojala lo fuera!- sino de cacicazgos electorales que se transmiten en familia, de generación en generación, el dominio de lo que Carlos Lleras en su tiempo llamara unos feudos podridos.

Pero esto del trasteo de electores y de votos si es la tapa. Sobre todo cuando desde algunas supuestas encumbradas oficinas públicas es desde donde se planea la delincuencial maniobra de organizar caravanas en carros oficiales para desplazar – a lejanos municipios de realmente muy poca trascendencia regional – a funcionarios públicos que deberían estar más bien en la tarea prioritaria de hacer cumplir la Ley y la Constitución. Y no precisamente vendiendo su voto para demostrar una triste y pusilánime lealtad a un jefe que dentro de pocas semanas volverá a ser un pobre diablo más en el asfalto.

Además, ¿realmente vale la pena por la disputa de unos cargos regionales caer en la bajeza de las calumnias, los insultos, los improperios personales, y toda una serie de actitudes personales que no precisamente hablan muy bien de quien acude a tan torticeros procedimientos? Cuando uno escucha por ciertas épocas a algunos funcionarios públicos hablar de hacer campañas para darle una nueva importancia a la cultura ciudadana entre nuestras gentes, inmediatamente se pregunta: pero señores dirigentes políticos: ¿ustedes que ejemplo dan? Eso de predicar virtudes y comportamientos ejemplares de los que el catequista no es precisamente un ejemplo está hace mucho rato mandado a recoger.

Así que cuando estemos tratando de educar a nuestros hijos, amigos, pupilos o ciudadanos sobre lo importante de ser honrados en la vida, no olvidemos que nosotros no hemos sido precisamente un dechado de integridad, ni nada que se le parezca. El discurso moralizando no sustentado por el ejemplo es simplemente una miserable hipocresía humana. Y trastear uno, cinco o mil votos para tratar de ganar de una manera leonina una elección es lo más pícaro entre las picardías de este mundo. Critica que no quiere decir, por supuesto, que no debamos votar. Como yo lo hare por quien considere que serán las mejores opciones dentro de lo malito o malote que tenemos. Porque entre nosotros sí que es palmariamente cierto aquel desafortunado dicho de que “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. Aunque claro, sin dejar de precisar que hay tuertos de tuertos…