Editorial

Editorial: REFORMA CONSTITUCIONAL, ¿EN FAVOR DE QUIÉN?

wilfredo sierra mPor Wilfredo Sierra Moreno.

Ya todos sabemos que en este país no se da puntada sin dedal y cuando se trata de que la clase política se comprometa en una Reforma a la Constitucional, debemos darnos por enterados de que hay gato encerrado. Eso de la sola preocupación patriótica y el interés por los destinos de todos los colombianos es retórica trillada que aquí ya a muy pocos convence.

Todos sabemos que el último cambio de un articulitos de la Constitución Nacional se hizo en favor de permitir la reelección del Presidente Álvaro Uribe y, desde luego, la que va en curso también guarda una muy cercana referencia al jefe del Centro Democrático, como quiera que la propuesta de acabar de una vez por todas la reelección en este país tiene como innegable objetivo cerrarle toda posibilidad para en el pelietas dirigente antioqueño no busque, ni ahora ni más adelante, conseguir una ruta hacia una nueva elección suya.

Objetivo central: ese. Lo otro son adornos, decoraciones, retoque para descrestar calentanos, y aunque resulta saludable cerrarle el paso a la puerta giratoria al nuevo poder dañino de las altas cortes,  la fundamentación ética de las reformas propuestas  no resiste ni la más minina prueba, sobre todo después de que el propio Presidente de la República metiera la mano, y duro, para imponer al Contralor General de la República. Contralor que en la formula reglamentario formal es la persona que, en el papel, debería ejercer una fiscalización financiera a las acciones del gobierno. Cuando mis compadres son los que me controlan, nadie puede estar seguro, ni de fundas, en la rigurosidad de esa vigilancia. Seguramente cuando llegue la oportunidad de elegir nuevo Procurador General los resultados en favor del Gobierno no serán sorprendentes, sin recordarles a nuestros lectores que el Fiscal General de la Nación funciona como un Ministro más del gobierno, que como cualquier otra cosa.

Que Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu se revuelque todo lo que quiera en su tumba, porque la versión colombiana de la división tripartita de los poderes es lo más rustico que uno puede imaginar, y si esto que tenemos en Colombia no se llama una dictadura constitucional, es porque en este país de poetas y locos, nunca nos hemos acostumbrado a llamar las cosas por su nombre. Los eufemismos están siempre al orden del día y cuando para la gran prensa se habla de “una gran reforma para bien del pueblo colombiano”, todos sabemos que se trata de aceitar mejor la maquinaria para que el establecimiento siga rindiendo más y mejor a las elites dominantes de la nación.

Pero mientras los iluminadísimos representantes y senadores se preparan a sepultar la puerta giratoria en las altas cortes, la quieren abrir y de qué forma en su favor, proponiendo que los brillantes padres de la patria puedan ir del Congreso a los Ministerios y luego regresar sin pudor a las sillas del legislativo, mostrando de cuerpo entero su voracidad política y dando a entender – una vez más – que legislan en su favor, y mucho más ahora que tienen Presidente complaciente.  Y posiblemente para que no queden dudas de lo que será el manejo de la política y de los partidos en el inmediato futuro, se establecerá que solo la familia, mujer, cuñadas, hijos, nietos y biznietos de los actuales caciques de estas colectividades, tendrán derecho a representar a todas y cada una de ellas en los cargos de elección popular, de designación oficial y de contratación amañada. ¿Democracia? ¡No digan pendejadas!

Tranquilos señores que las discusiones apenas comienzan. Y no  deben olvidar que en el trámite de toda Reforma Constitucional que se respete nunca faltan su buena porción de micos, animalitos que son de una predilección especialísima de nuestros padres de la patria, que los dejan filtran con una facilidad sorprendente por entre el decálogo de buenas intenciones que el discurso oficial presenta a la opinión pública nacional como la supuesta verdadera intención de las reformas buscadas. Luego para terminar estas largas notas los invito a que tomen con tranquilidad asiento, que apenas la función comienza…  Y en ella como en todo espectáculo que se respete, habrá de todo.