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Editorial: RELIGIÓN Y POLÍTICA.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mDe la forma más sorprendente posible, y como no ocurría desde las terribles épocas de la inquisición, los rabiosos curas fanáticos de la iglesia católica hicieron una sorprendente incursión la semana pasada en nuestra ciudad anunciando, con desparpajo inusitado, que no aceptaran la eventualidad de un alcalde protestante en la ciudad de Bucaramanga. ¡¿Qué qué?! ¿Quién diablos se creen esos pobres pendejos para venir a fungir de autoridad política, electoral o tan siquiera de intérpretes de la ciudadanía bumangueses, asumiendo unas posturas coléricas que no asustan ni al más bobo de los paisanos de esta región o para pretender que nos pueden decir a los hombres de este siglo XXI que tipo de gobernantes son o no posibles entre nosotros?

Pero claro, la avilantes de estos seudo representantes de un tal Dios en la tierra está enraizada en una tradición histórica de intervencionismos de los curas en las cosas de la sociedad civil desde las épocas en que, con ética de criminales, decían que matar liberales no era pecado. Pero también en la carencia de una verdadera autoridad gubernativa, civil y política, que le haga entender a todos que ésta es, según la Constitución Nacional vigente, una sociedad laica en que la separación entre las cosas del estado y la iglesia están claramente definidas.

Ahora bien, no es que los señores protestantes precisamente me caigan bien. Son de la misma ralea de los lobos vestidos de ovejas que en nombre de una fe y una moral realmente bien falsa, no solo se han llenado los bolsillos de miles de millones de pesos con el cuentico del diezmo para su farsante Dios, sino que han aprovechado las debilidades realmente protuberantes de la estructura administraba y política colombiana, para capturar factores determinantes de poder como  diputaciones, alcaldías, concejos municipales, cargos como Personerías Municipales y Contralorías, para hacer lo que saben muy bien manipular, concentrar dinero, poder y autoridad espúria para seguir colocando a los hijos de los pastores negociantes en condiciones de acentuar lo que sin lugar a dudas son emporios personales de utilización personal.

Por supuesto no hay que ir muy lejos para ver como partidos políticos como el mí otrora glorioso liberalismo, termino convertido en un refugio de indoctrinarios de los mil demonios, que dejaron de ser lo que fueron en otros tiempos, librepensadores, izquierdistas, defensores de la sociedad civil y hasta masones, para convertirse en unos vulgares cazadores de unos cuantos votos, así sea en la audiencia cautiva de las iglesias protestantes, en donde la triste negociación electorera y clientelista busca suplir la ausencia de audiencia y aceptación de las gentes en general hacia los desteñidos rojos de ahora.

Pero es que son tan descarados los supuestos “santos” que manejan la gran trasnacional de las iglesias evangélicas en este país y en el mundo, que negocian hasta con el diablo con tal de llenar sus bolsillos de más poder y dinero, no importa al precio que sea. Pero aunque esto sea así y yo les rechace sus comportamientos una y otra vez, los curitas audaces y abusivos no tienen ninguna razón ni lógica ni legal para venir a legislar e intentar imponer criterios en materia electoral y jurídica. Aunque, por supuesto, sin olvidar que esta inquina y la lucha por el poder entre protestantes y católicos es tan vieja que ha producido verdaderas guerras sanguinarias a lo largo de la historia del hombre, como la de Irlanda del Norte, para dar un solo ejemplo. Porque es que a la hora de la rapiña mundana los tales cristianos, de todas las denominaciones, no son tan éticos como a los ingenuos les quieren hacer creer. Ya saben ustedes que la experiencia histórica nos ha demostrado que si ellos en el nombre de Dios tienen que matar, matan. Y de robar no hay que sorprendernos mucho porque parece que es la esencia natural de sus conciencias. Luego es por eso que yo sostengo que del Dios que tiene tal cáfila de amigos es mejor, mucho mejor, estar bien lejos…