Editorial

Editorial: SANTURBÁN, IMPOSIBLE TENER CONTENTO A TODO EL MUNDO.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileComo era de esperarse, la decisión del Ministerio del Medio Ambiente sobre el Páramo de Santurbán no dejo contento ni a tirios ni a troyanos y todos a una, como en la fábula, han arrancado a criticar la determinación con argumentos, en algunos casos, verdaderamente estúpidos. Cuadruplicar el área protegido personalmente nos parece una decisión muy inteligente porque allí está, no se le puede olvidar a nadie, la reserva de agua del presente y el futuro del área metropolitana de Bucaramanga.

Pero los habitantes y campesinos de la zona, liderados por un alcalde demagógico que lo único que sabe es diseñar asonadas para mandar a golpear e intimidar los medios de comunicación que quieren cumplir con su labor de informar objetivamente sobre lo que allí pasa, solo piensan en defender ancestrales cultivos, porque no pueden entender que la violación del equilibrio ecológico es la culpable del desmadre ambiental que produce tormentas, sequías e incendios, que poco a poco está destruyendo la vida sobre éste planeta.

Dirigentes políticos más imaginativos, menos torpes e ignorantes, propiciarían allí con las ayudas prometidas con el gobierno nacional, un reordenamiento de las actividades económicas de la región, entendiendo que frente a coyunturas fundamentales, no es posible mantener el viejo orden de cosas. Pero no, soberbios y agresivos como los más primarios seres del planeta, las gentes de Soto Norte la emprenden contra las alternativas planteadas para proteger el Páramo y el agua, con la anuencia de sus provinciales politiqueros de oficio.

Pero tampoco un sector de los ambientalistas están contentos con la determinación oficial y su actitud, tan fundamentalista como  los retrógrados defensores del no cambio, exigen más y más condiciones de restricciones que, en muchos casos, sobrepasa la capacidad de maniobra que en este caso tiene el gobierno. Desafortunadamente muchos de esos ambientalistas se consideran a sí mismo como unos genios sobrenaturales que están, intelectualmente, por encima del resto de los mortales, y quieren que sus dictámenes sean considerados como “palabra de Dios”. Por supuesto, tales superdotados no están en la Nasa, porque allí no le comen carreta al autoelogio egocéntrico, y para estar allá hay que ser  brillante de verdad.

Así que entre un extremo y otro seguiremos viendo que la decisión del Ministerio del Medio Ambiente, que repito, a mí me parece acertado, no será reconocido por ninguna de las partes, y seguiremos viendo polémicas, manifestaciones y chichoneras, porque si algo sabemos hacer los santandereanos es gritar histéricamente sin inteligencia, y decir de nosotros mismo que supuetamente somos muy bravos. ¡¿Bravos para qué?!  ¿Para comernos unos a otros a dentelladas mientras perdemos más y más espacios de liderazgo nacional y regional sin ton ni son? Pero bueno, si así somos, comamos de nuestra propia medicina…