Editorial

Editorial: SIN TETAS NO HAY PARAÍSO…

Por Wilfredo Sierra Moreno.        

WILFREDO SIERRA MORENONo sin cierta razón se quejaba por estos días nuestro colega Jairo Martínez de la doble moral de una sociedad como la colombiana que se queja –airada y con justicia- de eventos como “Mis Tanguita” en Barbosa, pero que sin embargo todos los días disfrutamos de una programación televisiva en donde, por todos los lados en que se le mire, sale a relucir lo importante que es ser, no solo bonita sino voluptuosa, para poder la mujer tener un destino cierta en la vida de este desconcertante país.

Ser un tronco de mujer para poder llamar la atención de un “señor importante” –eufemismo para no decir traqueto o politiquero de oficio – y por lo tanto tener un futuro más o menos asegurado en una sociedad donde las oportunidades de éxito no precisamente sobran, es un paradigma ciertamente desmoralizante y que, desgraciadamente, va en contra de toda esa lucha titánica que las mujeres en nuestro país desarrollan para buscar el rescate de su dignidad y su importancia.  Pero qué le vamos a hacer, la educación en valores que la televisión nacional nos da en sus sangrientas telenovelas es la de exaltar, cada día más, el papel del narcotraficante como el gran modelo a seguir por la juventud nacional.

Y digo que la educación que se nos da, porque desafortunadamente para ciertas franjas de las sociedad colombiana el único elemento formativo con peso específico en su conciencia son los personajes de las telenovelas, porque en ellos –para esa franja – la escuela y el bachillero pasa sin pena ni gloria, cuando no es que la vida personal de algunos de sus profesores y profesoras son una verdaderas historietas cómico trágicas de la peor especie de Corín Tellado.  Cuando uno ve como son las mismas madres de las niñas las que dan el permiso para participar en el evento a que vengo haciendo referencia, uno tiene una cierta percepción del esquema mental que estas señoras tienen de lo que es la vía del éxito de una mujer en esta sociedad, y hasta uno entiendo – no sin cierta indignidad – porque eventos como estos tienen tanto calado popular.

Posiblemente ningún novelón de estos  define a lo que vengo haciendo referencia como aquel de “Sin Tetas no hay Paraíso”.  Pobre, más o menos bonita, lanzadita y con ganas de ascender social y económicamente, a la protagonista solo le faltaban unas “pochecas” bien buenas para poder seducir a “su salvador”… ¡Y quién dijo miedo! La jovencita hizo lo que pudo para tener sus buenos pectorales y, claro, las puertas de lo que para ella era el éxito, se le abrieron de par en par.  Si ustedes me dicen que resulta indigno que unas buenas tetas y un buen trasero sean un parámetro siquiera justificable para medir la capacidad de una mujer en la vida, les digo que tienen toda pero toda la razón.

Pero sin embargo yo quiero invitarlos a que hagan un ejercicio bien elemental… Vayan por las secretarias de las principales alcaldías del departamento, visiten a las secretarias de gerencia y a todas las funcionarias en general de cualquier instituto descentralizado o empresa privada importante, y después de ese ejercicio me digan cuantas señoritas o señoras realmente feas y desproporcionadas físicamente encuentra detrás de esos escritorios.  ¡Que es un arbitrario racero que el machismo ha impuesto entre nosotros!, sí señor, como no. Pero ahí está. Porque resulta que del discurso de los funcionarios oficiales hablando del rescate de la dignidad de la mujer, a la práctica efectiva de esos valores, empezando por los paradigmas mentales de  ellos mismos en estas materias, hay una distancia que en la práctica no se obvia con solo buenas intenciones.

¿Pero quién le pone el cascabel a los grandes programadores y dueños de la televisión nacional? Hombre, volvemos a lo mismo. Ellos son los del billete y entre nosotros, la plata manda, la plata todo lo compra, la plata todo lo corrompe.  Giovanni Papani, un renegado, pero al revés – porque de ateo declarado se convirtió al cristianismo – acuño la frese de que “el dinero es el estiércol del diablo”. Como no creo que Dios, tampoco creo en el diablo. Además  que siempre he creído que esos dos personajes –Dios y el diablo – han sido los más calumniados en la vida. Pero lo cierto es que el dinero si sirve para lo que sea, y va a ser muy difícil secar de la televisora nacional tanto melodrama traqueto y lujurioso que tienen audiencias Uno A en los rating de sintonía. Melodramas que convence a algún sector de nuestras jovencitas –que no ha todas afortunadamente – que más importantes que tener buenas notas en el colegio y en la universidad, es tener un cuerpo 90- 60 – 90. Y ganarse reinados de belleza…