Editorial

Editorial: SOBRE LA NIÑEZ, MUCHOS MITOS…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

descargaCasi siempre las celebraciones institucionales de determinados personajes, la madre, el padre, la secretaria, por ejemplo, termina convertidas en actividades formales que no siempre llegan al fondo de lo que todos y cada uno de los individuos y personajes representan en la vida de la familia y de la sociedad, pero al menos a algunos nos sirven estas fechas de excusa para escribir  unas cuantas líneas de lo que sobre la materia pensamos.

Sobre la niñez mucha tinta se deja correr por estas calendas pero, desafortunadamente, algunos hechos sociológicos de nuestro entorno se dejan ocultos hipócritamente para no dañar el ambiente formal de la celebración, pero, desde la forma en que se conciben las uniones, hasta la utilización habilidosa del embarazo para amarar hombres o mujeres, generan un contexto que no propicia necesariamente un buen futuro para los niños,

No es un secreto que la mayoría de los embarazos entre nosotros es el fruto de una mala planificación o de un error en fechas no hábiles para relaciones sexuales sin peligro de gestación, y para nadie es desconocido que el futuro de un embrión y un hijo no deseado no es precisamente el más amoroso que se pueda esperar, con todo y lo que las apariencias posteriores quieran demostrar. Y más allá de la presentación idílica de los comerciales, el machismo imperante entre nosotros hace que muchos de la supuesta “formación” sea a los trancazos cuando no a las verdaderas trompadas.

El que seamos uno de los departamentos y ciudades con más trabajo infantil en el país obedece a la vieja concepción arcaica de algunos sectores de nuestra sociedad, los más pobres en especial, de que a los pelados hay que ponerlos a trabajar desde las primeras edades, “porque con el sudor de la frente se gana el pan en esta vida”. Para la incultura promedio de ciertos núcleos de nuestra sociedad, ni el enamoramiento, ni la unión marital, ni la concepción y luego la crianza de los hijos, obedece a valores éticos y emocionales superiores. Y nunca olvidare la expresión de un supuestamente culto dirigente social ya fallecido que, frente a una amiga embarazada le pregunto, miserablemente, “¿cómo le va con ese montón de huesos que lleva en la barriga”?

La ordinariez de algunos de nuestros especímenes santandereanos, más el alcoholismo con el que frecuentemente se vive entre nosotros, hace que la mayoría de los niños tengan que aguantar hambre desde los primeros días de su existencia, hasta que la verraquera de las madres indignadas que terminan convertidas en cabeza de familia, rescata, mal que bien, la tragedia de la descendencia. Claro, aquí lo importante era, como oía en mi infancia, ser “puto, liberal y macho”, aunque en cuanto a lo de “puto” no implicaba la responsabilidad para responder por los hijos que esa vida desbrochada producía.

Pero claro, hacer un cambio radical en ese imaginario primario que traemos desde nuestros ancestros requeriría una profunda revolución cultural, que no muchos sectores están dispuestos a realizar, porque es verdad cierta que “en el reino de lo ciegos el tuerto es rey” Así que sigamos con el asistencialismo blandengue de dar un pescado una vez al año pero no enseñarle a nuestro pueblo, en todas las área, a pescar…