Editorial

Editorial: SOY CAPAZ…

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wilfredo sierra mPor Wilfredo Sierra Moreno.

La historia reciente de la vida política y social colombiana está llena de campañas light que desde la comodidad de los puestos de mando de la gran economía, el comercio y los medios de comunicación, tratando a los ciudadanos comunes y corrientes como estúpidos redomados, pretenden con formulitas majaderas resolver las grandes dificultades de desigualdad social, limitación y violencia a la que ha estado sometida esta sociedad desde hace dicadas.

Es lo que sucede ahora cuando con el producto “Soy capaz” y con gestos  como el de quitarse un zapato disque para caminar igual que lo hace el otro, se pretende catapultar la vía de la paz del pueblo colombiano, como si los grandes males de éste país fueran un factor de marketing publicitario y se pudieran resolver de la misma forma en que se venden condones o toallas higiénicas.

Desgraciadamente desde que la paz se volvió un producto de primera necesidad de éste gobierno y su publicitación fue una estrategia que busco y logro concretar la reelección de Juan Manuel Santos en la Presidencia, el tema ha merecido el más pueril de los tratamientos y ha querido aislárselos de factores reales de preocupación de ésta nación, como que la justicia está politizada y corrompida, las cárceles están atiborradas de hombres que son tratados peor que animales, los campesinos se entierran todos los días cada vez más con sus productos y el futuro de sus familias en sus parcelas, los muchachos en los barriadas no tienen cupos en las escuelas oficiales, ni centros de recreación para reorientar sus energías, y el estado es incapaz de hacer valer sus autoridad en esos predios, donde parches de adolescentes con pistolas al cinto, son ley y dios por esos barrios…

Tristemente todos estos males -que son endémicos en la sociedad colombiana – también han sido utilizados como pretexto por las izquierdas oportunistas y las guerrillas supuestamente redentoras, que en nombre del pueblo – ¡maldita excusa de todos!- han desarrollado un imperio de terror que deja muertes y viudas a los que nadie repondrá su amargo dolor.

Pero sobre todo da grima que detrás de esta nueva empresa publicitaria supuestamente salvadora de las dolencias de la nación, este la misma hipócrita iglesia católica que todos los días sale a ex comulgar Ministras y Parlamentarias que tienen una opción sexual particular y que, gracias a los buenos oficios de sus saca micas en todos los sectores  de la sociedad, no dejan hacer exposiciones artísticas y utilizar  museos que alguna vez  fueron iglesias o monasterios, supuestamente porque esas expresiones artísticas ofenden a su fascista Dios.

Cantar alabanzas a la paz bucólica – que se asemejaba más a la de los sepulcros – y al statu quo fue la gran apuesta de la caverna reaccionaria durante la edad media,  y ciertamente nuestros castos curitas vivian felices entonces imponiendo su látigo y sus torturas a quienes se atrevieran a pensar diferente, pero estamos muy lejos de creer que esa sea una buena receta para este siglo XXI, el de la supuesta modernidad y nuevas tecnologías, el del conocimiento y la libertad de pensamiento, y en el que en nombre del liberalismo político y económico nos quieren imponer las más reaccionarias doctrinas mercantiles y sociales.

Yo quiero repetir una vez más de que al final de cuentas me gustaría reconocer que estaba equivocado de todas las prevenciones que he mantenido y mantengo con todo este proceso manejado como una gran compañía de vender jabones para seres despistados y que, ojala, al final los hechos nos convenzan que las intenciones de las dos partes en conflicto eran honradas. Habrá que esperar a ver, porque solo el tiempo es el que da el veredicto final en estos casos.

Pero mientras tantos que bueno sería que los señores empresarios no solo se quiten un zapato, sino que igualmente paguen legalmente el salario mínimo, no se roben las horas extras de los trabajadores, no discriminen el trabajo de la mujer frente a la del hombre, no pongan a sus contadores a hacer declaraciones de renta amañadas frente a la DIAN y en fin, no cometan tantos de esos pecados veniales y mortales contra la convivencia social que hacen que sus gestos públicos por la reconciliación no se parezcan mucho a su accionar privado frente a sus empresas… Porque entonces uno sí que recuerda la sentencia esa del libro que los cristianos llaman sagrado y que más o menos a la letra dice. “Ah fariseos hipócritas que aman los primeros puestos en las ceremonias religiosas… Blancos y resplandecientes por fuera, pero por dentro llenos de podredumbre de muerte…”