Editorial

Editorial: UN DÍA DE LA MADRE PELIGROSO…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra 2Si uno quiere saber cómo está la condición metal del colombiano promedio no es sino mirar cómo se comporta frente a ciertos acontecimientos, por ejemplo, la recientemente  pasada celebración del día de la madre, que además de ser una fecha realmente comercial y utilizada por la sociedad de consumo para vender mercancías al por mayor, está resultando  desde hace mucho tiempo, un día rojo para las autoridades de policía, como quiera que, por tradición, se ha convertido en uno de los más violentos del año. Aunque pareciera mentira, en lugar de aprovechar la ocasión para expresar, aunque sea solo hipócritamente, el reconocimiento y el amor por un ser que nos ha dado toda su atención y cariño para sacarnos adelante, un buen sector de los ciudadanos de éste país se dedican a la parranda, el trago y el desafuero, que la mayoría de las veces termina en contusos, heridos y muertos.

La locura patológica es tal, que en muchas ocasiones la madre supuestamente objeto del homenaje termina agredida cuando no tristemente muerta, y uno no puede menos que preguntarse qué puede esperar de una sociedad en donde el afecto filial da para el maltrato y la violencia, y la relación de la prole con sus progenitores, madre y padre, es más formal, teórico e insincera, que por supuesto -y esto haría parte de otro análisis-  de pronto también refleja la falta de afecto, compromiso y formación de los padres hacia sus hijos.  Y hay que reiterar que el fenómeno es tan reiterado, que ya con antelación a estas celebraciones las autoridades policiales declaran acciones de alerta, porque resulta uno de los más complicados del año.

Si no fuera porque la relación filial es tan determinante en la formación emocional y mental de cualquier ser humano, no habría porque preocuparse en estas materias,  pero desafortunadamente los es y los especialistas han detectado que buena parte de las peores expresiones de violencia y criminalidad son el fruto de una formación familiar precaria, en la que los lazos de unión en el circuito padre-hijo, hijo-padre, han entrado en avería y generaron problemas en la siquis del ser formándose, que luego terminó  en expresiones personales desequilibradas, que posiblemente alimenta a buena parte de los hombres y mujeres que alimental la guerra y la criminalidad de nuestra patria.

Una de las razones por las que no me convencen mucho las expresiones exteriores y superficiales de reconciliación en esta sociedad, es porque me uno al criterio de los expertos que afirman que mientras no exista una salud mental estable  en los miembros de una colectividad, es muy difícil encontrar un desarrollo equilibrado y normal en ella, por mucho que desde afuera se hagan discursos efectivistas para llamar a la normal convivencia. Un desadaptado que llega a agredir, golpear y hasta matar a su propia madre, no puede ser un elemento que pueda dar muestras de sensatez en el resto de sus relaciones colectivas,  y por supuesto puede poner su manía agresiva al servicio de cualquier causa indeseable.

Desafortunadamente, mientras no se trabaje seriamente y a gran escala por la salud mental de nuestras gentes, todo lo demás que se haga y se diga para corregir nuestras dolamas sociales se queda en letra muerta. Por desgracias un trabajo de estas dimensiones requiere unos esfuerzos financieros, humanos y de coherencia que no está en la disponibilidad del gobierno,  la sociedad y los dirigentes de las patria en que vivimos,  lo que hará que celebraciones que deberían expresar amor, afecto y ternura, termines en hechos horrorosos. Esa es nuestra tragedia…